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20 de abril del 2021

Opinión

La Historia y la restauración de Santo Domingo, amurallad, una mirada crítica

Amparo Chantada. Se sabe que la segunda etapa del préstamo del BID, que restaura la zona amurallada,  está detenida por diferencias entre las instituciones gubernamentales y los sectores involucrados. El hecho no extraña, es recurrente en la gestión de préstamos y proyectos que duren tanto y que capitanea una misma y sola institución. Lo que  preocupa,  es que […]




Amparo Chantada.

Se sabe que la segunda etapa del préstamo del BID, que restaura la zona amurallada,  está detenida por diferencias entre las instituciones gubernamentales y los sectores involucrados. El hecho no extraña, es recurrente en la gestión de préstamos y proyectos que duren tanto y que capitanea una misma y sola institución.

Lo que  preocupa,  es que no es por las diferencias filosóficas, históricas, urbanísticas, ni por el modelo de restauración emprendido hace varios años,  en la parte ovandina y menos aún, sobre la imagen de Santo Domingo amurallada que se proyecta en el mundo turístico.

Lo que debe preocupar también, es que no se aproveche ese tiempo para realizar  una evaluación  de lo que se hizo, por qué razón  la lentitud del proceso, el gasto considerable en relación con lo poco que se rehabilito, ni  que se evalúen ya las consecuencias y los impactos visibles.

Lo que debe preocupar es que no se hable de rectificación, sino que se desplace ya la intervención hacia el primer farallón, en los barrios populares San Miguel, San Anton, el Polvorin donde se realizaran numerosos desalojos, donde se deben realizar numerosas compensaciones y reconstrucciones.

Lo que preocupa es la intervención en San Anton y Santa Barbara donde  dos intervenciones –una en las ruinas de San Francisco y la otra en Santa Bárbara- conllevaran grandes discusiones, como provoco el proyecto del arquitecto Moneo y donde rumores dicen que ya no bailara son los domingos!!.

¡Por que no se ha discutido  el modelo que se realiza, -objetivos, costos, modos, la gente-  con las juntas de vecinos, los urbanistas, arquitectos e otros involucrados, no se visualiza hacia dónde vamos  y  los perjuicios económicos son grandes como las molestias  y  las incertidumbres que desesperan a los habitantes y a los amantes de la zona.

¡ por que tenemos,  parámetros como Cartagena de Indias,  Santiago de Cuba y  La Habana… y que estamos lejos de eso, son muchas las preocupaciones ya que vemos los primeros efectos, que es la gentrificación de la zona restaurada por la homogeneización de los negocios,  bares, restaurantes, hoteles y apartoteles de capital extranjero, ¿con curiosidad nos preguntamos ¿y nuestra gente? A donde esta?

En ese 2do préstamo, se requerirá de transparencia y de explicaciones, porque  ¡restaurar con préstamos internacionales, a devolver, no tiene sentido, si no se beneficia la gente de la zona, si no se mejora sus condiciones de vida, si no se la involucra en esa mejoría, si no se utiliza su imaginación, los saberes, las habilidades, los talentos y sobre todo, si no se estimulan las iniciativas, para que esta se apropie  de su zona nueva, la impregne de su identidad y cultura, en sus espacios públicos, como lo hicieron ya  Desiree en la calle Mercedes, los vecinos de San Anton, los soneros en las ruinas de San Francisco,  los vecinos de los parques “de los Pellerano” y el  “Duarte”, ni hablar de los vecinos de la puerta de la Misericordia cada noche. De lo contrario, estaríamos frente a un proceso de gentrificación, como siempre, con graves consecuencias nada originales.

¡Cuando  combatimos la idea de una “isla artificial” frente a la ciudad colonial, ningún arquitecto se involucró en la defensa de la ciudad primada, de su valor arquitectónico y social, porque la obsolescencia de la zona, en ese momento, abría la puerta a sueños de experimentación y de monumentalidad con sello de prestigio, se pensaba más en Dubái o en Miami,  que en rescate de la zona colonial: el diseño de la isla artificial era de Ricardo Bofill pero no venía ni con  un Guggenheim ni con un Louvre, sino con una terminal de cruceros, exclusiva y sembrada frente al litoral, era un hito de la modernidad pero un adefesio frente a la Primada de América. En esa ocasión, las elites demostraron haber olvidado  el valor incalculable del patrimonio construido en la zona amurallada,  su valor simbólico y la larga historia que se podría “vender” al turismo: desde el naufragio del Memphis en 1916, caminando por las puertas y la muralla de la ciudad, doblando en la calle el Conde, con el Copello y las marcas aun visibles de la gesta de Abril del 65, la Fortaleza que vio llegar a Drake y Penn et Venables, donde llegaron mercancías en las Atarazanas  sin olvidar el lugar no marcado donde desembarco el primer esclavo africano a la Isla….. Son tantos los hitos, hechos a marcar, a restaurar, a incluir al rescate de  la zona ovandina, que vemos con preocupación que nada de eso, se esté haciendo… y que ahora se hable de la zona norte, donde dudemos de la eficacia de una intervención, a la luz de lo que se hizo.

Lo que preocupa en el modelo implementado en la zona amurallada, es precisamente que se obvia ese pasado glorioso, no se restauran  los lugares de esos hechos, no se identifican. Ni siquiera se menciona la ciudad como puerto, no se recuerda la ceiba de Colon, porque el Botánico no la resembro, no se habla de los muelles, en el rio Ozama, escenarios de tantos saqueos, no se mencionan las murallas que el hotel Ovando rescato en parte en su interior, Esta muralla en su época de esplendor tenía una serie de diferentes torres de vigilancia y paseos de ronda, para poder visualizar cualquier  embarcación  mar adentro. Tenía además baluartes con  cañones, y hasta seis puertas para entrar y salir de la ciudad, nadie las menciona. La reconstrucción de esta muralla, iniciada por  Ovando en el siglo XVI, y debe ser integrada a la restauración de la parte ovandina, como parte de la obra ovandina en la pequeña ciudad medieval.

¡Por qué somos una isla,  fuimos asediados, saqueados, ocupados, invadidos  pero mantuvimos la relación ciudad- puerto-mundo,  y además de recibir funcionarios de la Corona,  mercancías en las atarazanas, recibimos sobre todo, los primeros esclavos africanos, traídos al Caribe, cuando se exterminaron los primeros habitantes de la isla, y esa es nuestra marca universal, como país y ciudad, que debemos rescatar, es nuestra identidad, única por primacia, y común a todas las ciudades portuarias del océano Atlántico y del mar Caribe: un punto en común de nuestra historia con Nantes, Burdeos, Nueva Orleans y Cartagena de Indias.

Sabemos que el puerto hoy cambio de función,  ya no son carabelas que llegan son cruceros cargados de turistas muy despreocupados, pero sería contraproducente que buscando más  ingresos y placeres, no ofrezcamos a esos turistas, esa historia del país que los llevaría a conocer y valorar un poco nuestra historia, nuestro valor y la historia del Caribe entero ya que lo recorren. 

Vivimos  un momento donde las ciudades  entraron en una dinámica competitiva entre ellas, intentan diferenciarse las unas de las otras, escalando puestos en el ranking de ciudades visitadas. Todas quieren tener al mismo tiempo: un centro colonial de valor, restaurado,  hitos urbanos post colonial de interés, quieren tener atractivos únicos, exclusivos como son las murallas, quieren cultura, historia como los lugares de gloria como el Copello o la Fortaleza o el Cementerio viejo,  y quieren vida, vida de los lugareños. La cultura debe ser parte integral del paquete que se vende cuando se menciona Santo Domingo y esa ciudad es Primada, Heroica, única, diversa,  sorprendente y porque no, asi debe hacerse querer con y por esos atributos! 

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