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19 de abril del 2021

Política

La JCE debe preservarse

Luis Encarnación Pimentel. Creemos que, en gran medida, la JCE está integrada por un buen equipo y que sus integrantes, además de saber lo que tienen entre manos, están animados de la mejor intención en el desempeño de sus funciones. Pero como se desenvuelven en un ambiente frágil y vulnerable, debido a los intereses político-partidarios […]




Luis Encarnación Pimentel.
Creemos que, en gran medida, la JCE está integrada por un buen equipo y que sus integrantes, además de saber lo que tienen entre manos, están animados de la mejor intención en el desempeño de sus funciones. Pero como se desenvuelven en un ambiente frágil y vulnerable, debido a los intereses político-partidarios y de otra naturaleza que comúnmente le asechan, los miembros del órgano electoral deben proceder con inteligente precaución y pie de plomo, para no afectar la confianza y la credibilidad que se han ganado, y que, a fin de cuentas, es la mitad del trabajo y del éxito institucional y personal. Aun con la ley detrás -y es el instrumento que le falta a la JCE y lo que le faltó ahora con la resolución que buscaba frenar la campaña  política a destiempo, pero que vulnera derechos y garantías fundamentales- no se puede dejar arrastrar por las presiones o la demagogia de ningún sector político o social  en particular, porque podría ver afectada una imagen y una credibilidad que necesitaría más tarde, al tomar decisiones superiores con respecto al proceso electoral, y porque -como ahora- podría verse  sin necesidad “entre las patas de los caballos”. A la JCE, y lo que representa en imagen y confianza en esta etapa, hay que preservarla y hay que ayudarla para que pueda hacer bien su trabajo en bien de los partidos y de la democracia dominicana. Pero ella -cual guinea tuerta y dado que siempre desde las organizaciones se ha apostado a actuar como “chivos sin ley”- , debe dejarse ayudar y enmarcar todos sus pasos y decisiones institucionales en el ámbito de la Constitución, el consenso, la practicidad y el sentido de la oportunidad. Solo observando este último detalle, por ejemplo, la JCE se evitaba la creencia de que la resolución del revuelo del momento fuera dirigida contra un sector político en particular. Es verdad que el país no puede estar todo el tiempo en campaña, pero primero que la carreta y que la crítica, está la ley, que hay que cumplir, y ajustar, si queda corta. NOTA: Hipólito Mejía ya no podrá ir para la calle como prometió, porque apoya y ve con buen ojo la resolución de la JCE. ¿Demagogia o un “afilar cuchillo” para la propia garganta?, porque de la mucha gente en política (incluida “marcha verde”), a los que más afecta la medida es a los que necesitan crecer (¿).

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