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18 de abril del 2021

Opinión

La pedantería

Alguien vio alguna vez a Anthony Ríos resaltando sus cualidades? Nadie lo vio, a pesar de que el extinto cantautor y compositor era un hombre creativo, un genio, un pensador que tenía explicación para todo, siempre mostró sencillez, humildad y modestia. (Y nunca renegó de sus orígenes y pidió que al morir sea sepultado en […]




Alguien vio alguna vez a Anthony Ríos resaltando sus cualidades? Nadie lo vio, a pesar de que el extinto cantautor y compositor era un hombre creativo, un genio, un pensador que tenía explicación para todo, siempre mostró sencillez, humildad y modestia. (Y nunca renegó de sus orígenes y pidió que al morir sea sepultado en el cementerio municipal de su querido Hato Mayor). Hay que tener paciencia, sin embargo, para no rechazar y enemistarse con personas presumidas, engreídas y petulantes. En las universidades, por ejemplo, nos vemos en la necesidad, por relaciones humanas o por lo que fuere, de compartir con verdaderos pedantes, personas que viven haciendo citas literarias, refiriendo obras y nombres de autores sin relacionarse en lo absoluto al tema o a los temas de la conversación. También en los partidos políticos abundan individuos que pronuncian peroratas fastidiosas, cuyos temas giran en torno a sus personas. En el PRM hay un periodista con el cual llegué a sostener unas tres conversaciones y siempre, sin venir al caso, habló de sus propiedades, de su chofer, de su finca y de las marcas de vehículo en que se movían su esposa e hijos. La pedantería es común en todos los ámbitos. En la televisión dominicana hay un cronista que, en vez de narrar los juegos, los de grandes ligas o los de la pelota invernal, se pasa el tiempo hablando de su persona, lo que obliga a cambiar de canal. ¿A quién diablos le interesa la vida de ese caballero, cuando el objetivo es ver el juego de béisbol?. Ojo con aquellas personas que viven hablando de su seriedad, pues no se trata de teoría. La seriedad se demuestra en la práctica, cumpliendo con sus deberes, responsabilidades y obligaciones, haciendo honor a la palabra empeñada, en la puntualidad de la hora acordada, en no hablar mentiras ni fábulas y siendo incapaz de involucrarse en hechos delictuosos. Con frecuencia tenemos que soportar la petulancia de “viejos babosos”, que privan en que son unos diablos en la cama, devorando a muchachas veinteañeras.

Por:

Danilo Cruz Pichardo

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