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19 de abril del 2021

Política

La postergaron, pero no la detendrán

Joan Leyba Mejía. “Las represiones, lejos de quebrantar el impulso, favorecen el avance de la conciencia nacional”. -Frantz Fanon-. La suspensión abrupta de las elecciones nacionales municipales el pasado domingo, por el sabotaje a los aparatos de elección mediante voto automatizado de alcaldes y regidores, demuestran el nivel de desesperación y el desasosiego que produce […]




Joan Leyba Mejía.

Las represiones, lejos de quebrantar el impulso, favorecen el avance de la conciencia nacional”. -Frantz Fanon-.

La suspensión abrupta de las elecciones nacionales municipales el pasado domingo, por el sabotaje a los aparatos de elección mediante voto automatizado de alcaldes y regidores, demuestran el nivel de desesperación y el desasosiego que produce en los actores palaciegos, la decisión irreversible de este pueblo, de impedir la continuidad del peledeísmo y abrir las puertas al cambio. Y habla, del desprecio que siente esa clase gobernante, por la supuesta democracia que tanto cacarean.

Mutilar de manera aviesa e intencional, el derecho de la gente a expresar su voluntad en las urnas, es un acto cobarde e irresponsable provocado por el gobierno, con el único fin, de causar desconfianza de la gente en el próximo proceso, de producir abulia colectiva y menguar las finanzas del conjunto opositor, pretendiendo así, revertir una decisión que no tiene vuelta atrás. Ignorando, además, que el pueblo, ya está comprometido moralmente con enderezar el curso de un ciclo social y político atrofiado por unos carroñeros que han devorado todo cuanto han tocado.

El despertar de las conciencias, pudo haber sido más lento de lo esperado, pero la indignación que ha mostrado el país ante el secuestro de las voluntades, es la respuesta oportuna al descalabro institucional propiciado por los herederos de Bosch, un hombre honesto, culto e intachable que malgastó su tiempo, sembrando unas ideas en terreno infecundo y que legó un partido, a un grupo de adictos al dolo que han usado el poder, para todo, menos para servir a un pueblo al que han llevado a la ruina.

La resistencia mostrada por el PLD y el gobierno de Danilo Medina a abandonar las escalinatas de Palacio, son evidencias suficientes para inferir, que la mano poderosa del ejecutivo, bendijo el acto criminal con el que nos negaron la oportunidad de decidir el futuro de nuestros hijos. El miedo mostrado en su insípido discurso, es la prueba contundente del desgaste de un régimen que tiene contando los días de su existencia. 

Al principal problema social al que se enfrentan las elites dominantes” parafraseando la autora del libro De ciudadanos a señores feudales ya no es a la amenaza que pudiera venir de abajo, sino a su propia autodestrucción”. Esto, evidentemente, guarda una estrecha relación con todo lo que refiera a actos que versen sobre la quiebra de la institucionalidad y los intentos funestos de perpetuar una dictadura con apariencias democráticas a la que le ha llegado su fin.

Sabotearon, con premeditación absurda, la ilusión de una nación que se despertó temprano, con determinación y confiada en que su voto, serviría como arma letal para el exterminio de un sistema cimentado en la corrupción y la impunidad.  Lo hicieron consciente de la esperanza que supone al país, sacar de la administración pública, la putrefacción de este régimen que ha puesto en descrédito y en vergüenza a toda la República Dominicana.

Esa estocada por la espalda al sistema de elección popular, lejos de quebrantar los deseos que alberga el pueblo de echarlos del Estado, aumenta la indignación y unifica los ciudadanos en torno a una lucha que antes era partidaria, pero ahora es un tema de conciencia nacional. Esto es suficiente para, mantener viva la fe, para comprender, aunque furiosos, por el daño causado al estado de Derecho, que, postergaron la agonía, pero la muerte electoral, jamás la detendrán.

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