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15 de abril del 2021

Opinión

La Renta Básica Universal

Margarita Cedeño. La reciente crisis económica y financiera, con sus nefastas consecuencias que se han traducido en una mayor desigualdad social, han traído el gran debate sobre el rol de las políticas sociales como redes de protección ante la vulnerabilidad financiera, así como herramientas para la redistribución de las riquezas. En torno a ese debate, […]




Margarita Cedeño.
La reciente crisis económica y financiera, con sus nefastas consecuencias que se han traducido en una mayor desigualdad social, han traído el gran debate sobre el rol de las políticas sociales como redes de protección ante la vulnerabilidad financiera, así como herramientas para la redistribución de las riquezas. En torno a ese debate, ha surgido la idea de la Renta Básica Universal (RBU), también conocida como ingreso mínimo de existencia o ingreso de ciudadanía, que en pocas palabras significa que el Estado provea a los ciudadanos de un ingreso que les permita participar de la vida en sociedad. De esta manera, se aseguraría a todos los individuos el acceso a bienes básicos de subsistencia. Rutger Bregman, historiador holandés, considera que la Renta Básica Universal podría reemplazar a subsidios que por la burocracia y el paternalismo, no han sido efectivos, especialmente los que corresponden al Estado de Bienestar europeo, que ha sido tan cuestionado en los últimos años. La base filosófica de una idea como esta, que parece tan revolucionaria, se justifica en pensamientos como el de Thomas Paine, que considera la RBU como una justa compensación al derecho natural de los individuos sobre la tierra y los frutos que esta produce, tomando en consideración que el capitalismo ha concentrado la producción en pocas manos. Monnier y Vercellone, de su parte, lo consideran una retribución al rol del conocimiento en la producción de valor, si se acepta que el conocimiento es difuso y colectivo.
La idea está tomando fuerza, especialmente en los países que han superado el Estado de Bienestar. Aunque hay una gran diversidad de experiencias de Renta Básica Universal, en la actualidad, solo en Holanda ya hay 20 ciudades desarrollando pilotos para implementar un plan de Renta Básica Universal. Lo mismo está haciendo en Finlandia y muy pronto se realizará en Canadá. Como lo ha planteado Hyafil,  “más allá de todas las justificaciones económicas, la RBU es, ante todo, una decisión política y social. Es, ante todo, optar por la emancipación de los individuos, mayoritariamente los trabajadores, en un contexto en que el sentido del trabajo se desvanece cada día más”. Es un planteamiento que se va complementando con la idea de la disminución de la jornada laboral, permitiendo a los seres humanos dedicarse a su desarrollo personal y familiar, lo que convertiría el desarrollo personal en un derecho asequible a todo el mundo, puesto que la sobrevivencia básica estaría al alcance de las manos. Y ni hablar del impacto que tendría en la cohesión social, eliminando las presiones que reciben gobiernos y sociedades, por las carencias de servicios y recursos básicos. Como dijo Martin Luther King escribió en 1967: “Estoy convencido que el abordaje más simple sería el más eficaz en cuanto al problema de la pobreza. La solución es su abolición directa por una medida hoy ampliamente debatida: el ingreso garantizado”. La Renta Básica Universal es un abordaje del combate a la pobreza que muchos organismos internacionales debaten. Plantea una revisión al modelo de transferencias monetarias condicionadas y focalizadas, que hoy domina los programas sociales latinoamericanos. En un futuro cercano, se abrirá el paso a programas con rasgos universales y no condicionados, más acorde a la lógica del ingreso ciudadano universal. Es un debate al cual nuestro país no es ajeno.

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