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10 de abril del 2021

Opinión

La respuesta a un buen amigo

Celso Marranzini. Un muy buen amigo, muy activo en las redes y persona equilibrada, que aprovecha su influencia en redes, prensa y conferencias para edificar, nunca lo he escuchado con ataques. Esto no quiere decir que esté de acuerdo con él en todo lo que escribe, pero sí en su forma siempre analítica y respetuosa. […]




Celso Marranzini. Un muy buen amigo, muy activo en las redes y persona equilibrada, que aprovecha su influencia en redes, prensa y conferencias para edificar, nunca lo he escuchado con ataques. Esto no quiere decir que esté de acuerdo con él en todo lo que escribe, pero sí en su forma siempre analítica y respetuosa. Me preguntaba por WhatsApp, sorprendido por las opiniones de un comunicador que, desde hace ya algunos meses, con mensajes muy ríspidos, él encontraba un cambio repentino de sus opiniones. Le respondí con una serie de signos que no hacían falta muchas palabras, pero que hoy quiero ampliar para edificación de muchos y no solamente de mi amigo que hacía la pregunta. Un viejo adagio dice: “más sabe el diablo por viejo que por diablo” y sin duda, son los años que nos van dando la experiencia. Hace muchos años sólo los medios de comunicación escritos, radiales y televisivos nos permitían estar informados. Hoy las redes sociales tienen una penetración inmensa. Esto ha sido muy beneficioso porque le quita importancia a esos que escriben y hablan por lo que llamaríamos los medios tradicionales. Pero debemos admitir que también las redes se han convertido en un medio excelente de chantaje. David Felipe Arranz decía que “las noticias son un material complejo y resbaladizo, y aunque el periodista no es objetivo, si deberían serlo sus métodos”. ¿Cómo esperar objetividad en ambientes tan caldeados políticamente como el nuestro? Este amigo escritor del que me refiero es recurrente en esto. Se esconde bajo un manto de intelectualidad para escribir del lado que se le sea más rentable. No son los principios porque esos se cambian, para muchos son desechables y valen menos que las monedas que Judas recibió a cambio de traicionar a Jesús. Por eso recordamos una frase de Winston Churchill “siempre es mejor hacer las noticias que leerlas”. Tu caso y el mío son similares, le decía al amigo de la pregunta. No somos comunicadores ni pretendemos serlos, hemos tomado el camino de escribir como un aporte a la sociedad, que nos equivocamos muchas veces en lo que escribimos, que somos humanos, pero lo hacemos sin un interés monetario de por medio, sin odios ni rencores. Un aporte simple y sencillo. Para poder escribir en un mundo como hoy, hay que reinventarse desde que aparecieron las redes sociales. Todo es inmediato, se quiere que se sea objetivo con calidad técnica, profundidad en el tema y todo debe ser breve. El amigo del que tú y yo hablamos es breve, pero después no cuenta con ninguna otra cualidad. Siempre he dicho que lo difícil no es escribir, es que te lean y más difícil que te entiendan y cuando lo que se escribe pueda molestar, algún lector entienda que es lo que pensamos, no lo que otro nos manda a escribir. La periodista colombiana Claudia Palacios, conocida en toda Latinoamérica por haber trabajado como presentadora de CNN En español, dio punto final a su trabajo en la Casa Editorial El Tiempo, decía “me aterra y me preocupa ver que muchos padres de familia les pagan la universidad a sus hijos con mucho esfuerzo, y gastan 5 años de la vida en algo que al final cuando salen es un colador impresionante que deja a la gente ganándose unos salarios muy malos y ante una incertidumbre laboral muy grande”. Claudia Palacios debía darse una vuelta por nuestro país. Sin dudas sus comentarios aplican para los verdaderos periodistas, los que andan por la calle buscando noticias, arriesgando la vida, los que lo hacen con imparcialidad y objetividad. Pero aquellos que habiendo o no pasado por una universidad venden su voz, la pluma, hoy exhiben riquezas fruto de ese chantaje que por corto que sea el mensaje deja un veneno similar al de la culebra que muerde silenciosa y arrastrada por el piso. Hace unos días fui invitado por el Banco Popular a una excelente conferencia de Jesús Izquierdo sobre empresas familiares. Decía que los apellidos se habían convertido en una marca. Me dejó pensando y me preguntaba ¿cómo es posible defender esa marca si cualquier chantajista es capaz por unas monedas de destruir lo que por años ha costado tanto? Eso lo vemos a diario como el que escribe, habla o usa las redes, que sin duda se han convertido en un vehículo excelente para la destrucción de una imagen por un simple fajo de papeletas. El problema de las redes es tan grave que llega a preocupar al presidente del gigante Microsoft cuando pide a los gobiernos poner límites a las redes, entiende que los grandes del internet pueden canibalizar las bases de los países. Que se debe ir más allá de proteger la tecnología y es proteger la democracia. Como mensaje final a mi amigo que me hizo la pregunta sobre los ríspidos articulitos, le dejo este mensaje: “hay que pensar mejor lo que se entiende por hacer periodismo”.

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