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12 de mayo del 2021

Opinión

La situación domínico-haitiana 1 de 2

  Hoy más que nunca urge buscar una salida a la proliferación de nacionales haitianos en nuestro territorio, pues luego del terrible terremoto del 2010 y los recientes disturbios de destrucción con incendios provocados de fábricas, oficinas de servicios públicos y muertos, al inicio del mes de julio del corriente año 2018, el incremento de […]




 

Hoy más que nunca urge buscar una salida a la proliferación de nacionales haitianos en nuestro territorio, pues luego del terrible terremoto del 2010 y los recientes disturbios de destrucción con incendios provocados de fábricas, oficinas de servicios públicos y muertos, al inicio del mes de julio del corriente año 2018, el incremento de la inmigración ilegal sin control se hace insostenible. Este fenómeno migratorio, incluyendo a otras nacionalidades, nos empeora aceleradamente y nos dificulta solucionar nuestros propios problemas.

Impera descubrir el empeño por parte de diplomáticos y organizaciones haitianas, dominico-haitianas e internacionales para denotar xenofobia o maltrato a los nacionales haitianos de parte de los dominicanos
No hay país en el mundo que guarde tanta tolerancia y aceptación a un país vecino, que convive con una frontera única y común, como lo hace República Dominicana con la República de Haití, a pesar de que nuestros vecinos a través de sus autoridades y su influyente potencia diplomática, que hay que reconocer, viven en constante difamaciones y descrédito a nuestro país; y sin importar que tienen una cultura totalmente diferente a la nuestra con distinto idioma, distinta religión, distintas costumbres, entre otras.
Algo más grave es la amenaza a nuestros recursos naturales por la costumbre de depredación ambiental que ha convivido con el pueblo haitiano durante toda su historia.

Somos exclusivos en los privilegios y beneficios que damos a los haitianos y siendo extremadamente permisivos, a costo de muchos sacrificios de nuestros servicios y de miles de millones de dinero público, lo que rechazo y debe ser inaceptable.

La República de Haití es uno de los países más empobrecidos a nivel mundial y el más pobre de las Américas, como consecuencia de un conjunto de dificultades estructurales históricas que acompañaron el surgimiento de la propia nación haitiana, generando la pobreza extrema de sus habitantes, la desigualdad y la marginalidad social.

La reconstrucción y la viabilidad del Estado haitiano, propiciada y financiada por la comunidad internacional, mediante la implementación de un proceso de desarrollo del aparato productivo, propiciaría una mejor interrelación bilateral, beneficiosa y productiva, y sobresalientes espacios de convivencia pacífica entre ambas naciones. Además, repercutiría profundamente en todos los aspectos de la vida política, económica, social, medio ambiental, militar, policial, etc..

En tal sentido, un proyecto o plan de reconstrucción en Haití debe ser una prioridad de la política internacional dominicana, latinoamericana y principalmente de los grandes colonizadores de ese entonces, Francia, España e Inglaterra, además Estados Unidos y Canadá.

Nuestra condición de isla compartida nos obliga a desarrollar políticas bilaterales claras, para las relaciones diplomáticas, comerciales, migratorias, culturales, pues desde el nacimiento de ambas naciones fuimos, somos y seremos un matrimonio sin divorcio, debiendo aceptar nuestras realidades y trabajar juntos por un desarrollo sostenible de ambas naciones, dejando claro ante el mundo el respeto basado en los principios de los derechos internacionales y de la libre y soberana determinación de los Estados.

Por:

Juan Tomás Taveras  MAyor General (R) .

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