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15 de abril del 2021

Opinión

La sonrisa de Taína

CÉSAR MEDINA. Ha pasado muchas noches en vela, cuidando mi sueño, y cada mañana al despertar su sonrisa ilumina mi vida y me llena de optimismo: ¡Buenos días, querido Padre! ¿Cómo estás? ¿Cómo dormiste? ¿Cómo te sientes? Es las cosa más maravillosa que me ha pasado en esta lucha intensa contra el cáncer que amenaza […]




CÉSAR MEDINA.
Ha pasado muchas noches en vela, cuidando mi sueño, y cada mañana al despertar su sonrisa ilumina mi vida y me llena de optimismo: ¡Buenos días, querido Padre! ¿Cómo estás? ¿Cómo dormiste? ¿Cómo te sientes? Es las cosa más maravillosa que me ha pasado en esta lucha intensa contra el cáncer que amenaza arrebatarme la vida. Taína no se ha separado de mí desde aquel mediodía en que el médico me diagnosticó la enfermedad y es, además, la vía de comunicación con quienes desean saber de mí, hablar conmigo, enterarse de mi salud. Igual mis otros seis hijos: Oscar, Cesarina, Cesarito, José Carlos, Cemyr y Maricielo… Todos me han acorazado… ¡Parece que fui buen padre! … Pero Taína tiene una conexión muy especial conmigo desde que era una niña. Su primera experiencia laboral fue a mi lado como principal ejecutiva de la productora de televisión que inicié junto a mi entonces compañera Myrna Pichardo. A través de ella me llegan todos los mensajes tan bonitos, las oraciones, las bendiciones y los buenos augurios de amigos y conocidos… Como estos tres del doctor Rafael Lantigua, de Gonzalo Castillo y de María Elena Núñez… El doctor Rafael Lantigua “Buenos días Taína, espero todo bien por allá… Por favor, dile a don César que desde Santo Domingo me enviaron el artículo de hoy; su optimismo es contagioso y es verdad que lo vamos a vencer con Dios mediante. “Agradezco en el Alma sus palabras acerca de mi persona y deseo que nuestra amistad se convierta en años de mutua participación con muchos moros de guandules fuera de New York... “Con cariño perenne, R. Lantigua”. También Gonzalo Castillo Durante este proceso de convalecencia aquí en Nueva York, Gonzalo Castillo ha sido un amigo omnipresente y solidario como pocos. Es persona con quien yo y mi hijos hemos asumido un compromiso eterno de gratitud, cariño y amistad.
Desde el primer día puso a mi disposición un avión de su empresa de transporte aéreo para que me trajese a Nueva York junto a mis hijos, y no ha estado ausente de este proceso un solo día. He aquí el mensaje que le remitió a Taína a propósito de la columna de ayer en que valoro el coraje de Triffolio para superar el cáncer: “Querida Taína: Excelente artículo, emocionado al leerlo y contagiado de su entusiasmo y sus ganas de vivir”… Gonzalo Castillo”. Y María Elena Núñez “Hola, Taína: Que Dios los siga acompañando en este proceso. Que el amor esté presente en cada segundo del día. “Que este sea un proceso de sanación integral para todos. “Que aunque el Universo le dé una buena ñapa, un extra, una extensión del contrato de vida a César, todos aprovechen estos momentos, cuando se pueda y cuando su cuerpo lo tolere, para perdonar y pedir perdón y para dar gracias. “Creo en lo que dice Unity, que hay una bendición detrás de cada situación, aunque no la veamos en el momento. “En agosto 21 murió repentinamente, de un infarto, uno de mis hermanos, de 59 años. Ha sido muy muy muy doloroso pero, a la vez, ha sido un proceso de mucho crecimiento. “A cada rato pienso en ustedes. Cuando se pueda, le dices a César que confiamos en sus ganas de vivir, y que merece una vida con calidad. Que apostamos a eso. Y que tiene un gran círculo, entre familiares, amigos y relacionados, mandándole mucha luz y amor... Con cariño, María Elena”. Con María Elena Núñez tengo una deuda de gratitud pendiente. Cuando se anunció públicamente mi padecimiento, agotó un largo turno en su programa “El Sol de la Mañana” para enviarme bendiciones, hablar bien de mí y ponderar condiciones que me atribuye tal vez de forma inmerecida. Es una amistad y cariño de muchos años, y aunque nunca hemos intimado en esta vieja relación, nuestras vidas han corrido casi paralelas: Myrna y María Elena eran viejas amigas y compañeras en Hoy Mismo cuando ambas casaron con Wilfredo y conmigo. Ambas parejas tuvimos tres hijos --dos hombres y una mujer--, y casi el mismo tiempo casados, además de que nos independizamos laboralmente y formamos nuestras respectivas empresas con bastante buen éxito. A ella la quiero de manera muy especial, por su fortaleza espiritual, por su talento profesional y por su seriedad y honestidad con sus principios.

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