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12 de mayo del 2021

Opinión

La tarea dentro y fuera del PLD

Orlando Gil. UNO: TAREA SIN HACER.- Si Leonel Fernández es la sensación política que proclaman sus seguidores, y candidato probable en el 2019 y presidente seguro en el 2020, sus oponentes no hicieron la tarea. Ni dentro del PLD ni fuera. Fernández lleva tres mandatos, y con el que busca ahora serían cuatro, y con cuatro […]




Orlando Gil.

UNO: TAREA SIN HACER.- Si Leonel Fernández es la sensación política que proclaman sus seguidores, y candidato probable en el 2019 y presidente seguro en el 2020, sus oponentes no hicieron la tarea. Ni dentro del PLD ni fuera. Fernández lleva tres mandatos, y con el que busca ahora serían cuatro, y con cuatro difícilmente se conceda licencia. Intentará o querrá hasta el 2044, que es cuando afirma terminará el reinado peledeísta. Si a cada aspirante o presidente se le permiten tres o cuatro períodos, entonces no podrá hablarse como política e históricamente improcedente el tiempo que duraron en el poder Rafael Leonidas Trujillo, Buenaventura Báez, Ulises Hereaux y Joaquín Balaguer. Como norma aceptada, no habrá límite en el ejercicio. Esa situación -en la actualidad- quita fluidez al proceso político, pues no puede haber suerte ni lotería si una sola persona compra todos los números, o se aprovecha del descuido del quinielero y los hurta. Esta apreciación la hace mucha gente, solo que no toda se atreve a decirlo, pues temen la reacción de los leonelistas que no entienden ni ven más allá del favor de su líder, o consideran que quienes hacen el señalamiento, postulan una opción contraria.

DOS: CUESTIÓN DE TÉRMINOS.- No podría estimarse igual con Danilo Medina e Hipólito Mejía, pues no es el caso, aunque aparenta.

Medina lleva dos y se le suponen aspiraciones a un tercero, pero hasta que no lo exprese claramente o se reforme la Constitución, lo suyo será un solo decir o deseo encubierto. Los dos períodos que le corresponden, aun cuando este último fue brincando la tablita, no altera la doctrina norteamericana que se asume como ideal de un segundo mandato. Declaró que en marzo despejará las dudas, y decirlo no cambia nada, sino que aumenta las sospechas.

Solo busca ganar tiempo. Nadie piensa en la posibilidad de que se encuentre un ciego en el camino, y que este -como a César- le advierta sobre los idus de marzo. Lo de marzo tiene muchas interpretaciones, y la mejor de todas es que por tradición, entre marzo y abril es que el PLD decide candidato. Medina por tanto estaría con la tradición y a tiempo. Aunque –claro– no para los desesperados o ven segunda intención. La situación es interesante, pues la alcahuetería lleva a olvidar lo más importante. Esto es, el jamás que consigna la Constitución del 2015, y que se le aplica solo a Medina, y lo mejor del caso, con su consentimiento. Todo el mundo, denunciantes y paniaguados, coincide en que esa barrera puede rodarse.

TRES: EL MANUAL DE METRO.- Nadie entiende por qué el PLD alarga el impasse, y tiene que esperar a marzo, si tiene el manual de Metro, el mismo que resolvió la anterior situación. Un consenso forzado por la circunstancia. Lo del transitorio puede solucionarse con otro transitorio. El Estado no siempre vence, pero el Estado tiene formas y poderes para fastidiar. Los abogados insisten, y no por inspiración, o como ejercicio académico, sino con un propósito político muy determinado.

Crear condiciones a la causa de su cliente. Incluso el afán parece de alcance medio. Se habla de eliminar la discriminación o de habilitar el derecho del actual mandatario. Cualquiera de las dos situaciones, y podrían ser las mismas, compelen a modificar la Constitución.

Ahora, una cosa sería reformar la Carta Magna para que Medina se presente en el 2020 y otra que se le declare apto para otras fechas.

Aparentemente sería obra de capricho, pero es mejor domesticar la bestia a tenerla furiosa y queriendo saltar la barda. Contrario a lo que se cree, o se expresa en los medios de prensa, los escrúpulos de los congresistas no llegan a extremos imposibles. Siempre existe la posibilidad de que sean parte de una acción que sería empresa y no aventura desde que se corresponda con el consenso. La política tiene miles de maneras de realizarse.

CUATRO: INTENTOS FALLIDOS.- El caso de Hipólito Mejía es diferente, decía, pues tiene un solo mandato en su haber. No dos como Danilo Medina ni tres como Leonel Fernández. Lo suyo hasta ahora son intentos fallidos: 2004 y 2012, y de continuar no hará más que dañar su average. Va de tres uno, para 333, un registro bueno en cualquier liga. Además lo de Mejía no afecta el orden establecido, pues actúa fuera del Estado. Fernández es un problema para Medina, y Medina un inconveniente para Fernández. Mejía ni para uno ni para el otro. Si acaso para Luis Abinader, y este con encuestas propias y ajenas pretende mantenerlo sin posibilidades dentro del PRM. Es más, considerando que de noche todos los gatos son pardos, así las estrategias -en ocasiones- son pardas, aunque igual se disimulan. A final de cuenta a Abinader le conviene el activismo de Mejía. Levanta expectativas entre su gente, y aprovecha más que se mueva todo el partido a que solo lo haga una parte. Si algo necesita con urgencia Moderno es crecer, y no puede crecer dando vueltas sobre sí mismo. Es mejor dos en campaña, mucho más si llegan a universos diferentes, pues se supone que al final se juntarán en un propósito común. Ojalá fueran más, y dice el refrán que lo que abunda no daña. Así que no daña que Wellington Arnaud y David Collado igual se lancen.

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