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15 de abril del 2021

Opinión

La transfiguración

Celso Marranzini. Evangelio de la transfiguración, donde Jesús sube con sus discípulos preferidos y son capaces de ver la luz de Jesús y lo reconocen como el hijo de Dios y escuchan la voz del padre, “este es mi hijo amado”. La cuaresma nos invita al misterio de la transfiguración para que esa luz que […]




Evangelio de la transfiguración, donde Jesús sube con sus discípulos preferidos y son capaces de ver la luz de Jesús y lo reconocen como el hijo de Dios y escuchan la voz del padre, “este es mi hijo amado”. La cuaresma nos invita al misterio de la transfiguración para que esa luz que llevamos cada uno pueda verse en actos y palabras. ¿Cuánta falta le hace a nuestra sociedad esa transfiguración, esa transformación que revela la verdadera naturaleza y cultura del ser humano? ¿Cuánta necesidad hay de una transfiguración en nuestro país ahora que empezamos a celebrar la Semana Santa para cambiar, para mejorar tantas cosas? Reconocer en Jesús, el hijo de Dios y por medio de esa luz, que cada uno de nosotros transformemos en actos positivos nuestras acciones. Pensaba en eso cuando oía precisamente a un joven político, que es también pastor, cómo frente a jueces cambiaba la verdad para acomodarla a sus intereses.
Cómo hablaba sin esa falta de humildad necesaria en todos los seres humanos mucho más, en el que pregona la palabra de Dios y cómo, para su beneficio, no le importaba mentir frente a la justicia y se autoproclamaba líder de multitudes. Ese mismo, que un día promocionó un esquema Ponzi, donde hizo perder sus ahorros a miles de infelices dominicanos y que aprovechando el micrófono que usualmente utiliza y del cual se vanagloria de ser el más escuchado, lanzaba rayos y centellas contra los que develaban el fraude que significaba Telexfree. En un arranque de ira y prepotencia, dio veinticuatro horas para los que lo denunciaron se retractaran frente a la amenaza de que actuaría judicialmente contra ellos. Nada pudo hacer porque un artículo publicado en uno de los diarios de mayor circulación bajo su firma, pregonaba a toda voz que esta empresa cambiaría la vida de todos los dominicanos. Sin duda, cambió la vida de muchos, los hizo más pobres al perder sus ahorros, ya que habían confiado en la palabra del falso profeta. Ese mismo que fue parte de la compra de TCW y por la que se pagaron miles de dólares cuando su propietario anterior la había vendido apenas por un dólar. Es el mismo que cambia las cifras del déficit eléctrico en arras de defender una administración que se convirtió en un partido político, del cual fue este falso profeta un actor principal, llegando a una diputación que los propios miembros de su partido llamaron como los diputados eléctricos. Era una forma de pretender ejercer presión sobre la justicia que siempre debe ser imparcial y analizar datos, determinando siempre quien dice la verdad y quien pretende torcerla para continuar desde el púlpito de la radio amedrentando la sociedad. Cuando se escucha a estos lobos vestidos de ovejas, esa transfiguración negativa, la reacción debe ser de pena, porque uno querría que el talento se use para el bien y no para el mal. Que el uso de un micrófono sirva para servir y no para servirse. Uno quisiera que la transfiguración de la sociedad dominicana, en esta Semana Santa y siempre, sea para el bien; que los comunicadores entiendan su enorme responsabilidad, sea ante un micrófono o frente al televisor. Que el maestro no utilice la huelga como un medio para mantener los escasos niveles de educación. Que el empresario entienda su papel en la responsabilidad social y que el político tenga la capacidad de manejar adecuadamente los recursos puestos en sus manos. De esta forma la transfiguración que haríamos en esta Semana Santa sería para beneficio de todos nuestros ciudadanos y actuaríamos como verdaderos cristianos.

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