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07 de mayo del 2021

Opinión

¡Lágrimas por la justicia!

Oscar Medina. El caso del doctor Julio Gómez representa una de las más indignantes actuaciones de una justicia que, apoyándose en interpretaciones acomodaticias, se pone de espaldas a la víctima y a una sociedad harta e indefensa para operar abierta y descaradamente en favor de la delincuencia. El doctor Gómez fue enviado a prisión preventiva […]




Oscar Medina.
El caso del doctor Julio Gómez representa una de las más indignantes actuaciones de una justicia que, apoyándose en interpretaciones acomodaticias, se pone de espaldas a la víctima y a una sociedad harta e indefensa para operar abierta y descaradamente en favor de la delincuencia. El doctor Gómez fue enviado a prisión preventiva por un año, un tipo de medida de coerción que se supone debe aplicarse a criminales peligrosos, reincidentes, sin domicilio conocido y con facilidad para sustraerse del juicio, y cuya libertad puede suponer un riesgo para el proceso… Ninguna de estas condiciones aplica para este médico ginecólogo, miembro distinguido de la comunidad cristiana protestante y que reside desde hace años con su esposa e hijos en el barrio de Sabana Perdida en Santo Domingo Norte. Al doctor Gómez se le acusa junto a un sobrino de nombre José Arias de dar muerte al reconocido delincuente Miguel Ángel Báez, mejor conocido como “Lagrimita”, en un hecho acontecido el 6 de septiembre del año pasado. Pero sucede que a “Lagrimita” lo mató una multitud que acudió en auxilio de Gómez y Arias cuando eran atracados a punta de pistola por el delincuente. Esa tarde el doctor acudió a una entidad bancaria a retirar unos pesitos para comprar lo necesario y prepararse para la llegada del huracán Irma. Al regresar a su casa lo esperaba el tal “Lagrimita”, que se le acercó y apuntándole con un revolver amenazó con matarlo. Le sustrajo el dinero que había retirado del banco, y aun así insistía en que le daría un tiro. En ese momento su sobrino sale de la casa, ve la acción y llamó la atención del delincuente, que le disparó de inmediato hiriéndolo en una pierna. En ese momento Gómez intentó desarmar al bandido, y en el forcejeo el revólver se disparó varias veces alertando a los vecinos que salieron en defensa del ciudadano asaltado que ya se encontraba tirado en el suelo con “Lagrimita” apuntándole a la cabeza. No lo mató porque el revólver se encasquilló, momento en el cual la barriada ---harta de este tipo que a pesar de tener decenas de fi chas e incursiones en las cárceles todavía andaba suelto azotando a la comunidad--- salieron en turba a lincharle propinándole varias puñaladas y golpes con armas contusas que le provocaron la muerte. Un video de este hecho se convirtió en viral en las redes, lo que fue sufi ciente para que un fi scal adjunto asumiera el caso. La “investigación” del Ministerio Publico se basó en los únicos identifi cables ---Gómez y Arias---, ya que el resto de la barriada, muy correctamente, aplicó la de Fuenteovejuna. Y a partir del peor populismo judicial sometió a estos dos ciudadanos por el homicidio del delincuente. Solicitó prisión preventiva, y un juez igual de populista les envió a la cárcel de Monte Plata donde se encuentran desde mediados de octubre. Al conocer este drama, lo normal es indignarse y maldecir, porque este caso es el colmo del abuso. Es una vergu¨enza que el sistema de justicia ofrezca mayor formación y mejor remuneración a los defensores públicos que se ponen al servicio de los delincuentes mientras desamparan a las víctimas que reciben poco o ningún apoyo. El afectado por un crimen tiene que constituir abogados y seguir su caso asistiendo religiosamente a las audiencias y exponiéndose a toda suerte de amenazas e insultos por parte de familiares y compañeros de banda del delincuente procesado, porque de lo contrario el caso es desatendido por el Ministerio Público y el criminal sale a la calle por esa puerta giratoria que ofrece al delito un Código Procesal Penal incompatible con la realidad socio-económica de este país. Pero con el caso del doctor Gómez la justicia demuestra que puede ser aún más cruel con las víctimas, y que también es capaz de cebarse con personas que casi pierden la vida en un atraco. Nada justifi ca que estos hombres se encuentren en prisión. En todo caso deberían esperar el desenlace de la investigación en sus respectivos hogares junto a sus familias e integrados a sus actividades cotidianas. Una investigación que por demás es absurda e innecesaria. Porque quien mató a ese delincuente no fueron Gómez y Arias, incluso tampoco lo mataron quienes participaron en el linchamiento… A “Lagrimita” lo mató el sistema de justicia, que lo tenía en la calle a pesar de tener múltiples sometimientos. Y es, precisamente, esa inoperancia de la Justicia lo que fortalece el sentido de impunidad e induce a los delincuentes a ser cada vez más osados, y lo que a su vez provoca que la sociedad se siente desprotegida y se muestre dispuesta a hacer justicia por sus propios medios con actos de barbarie como ese linchamiento en el que a la postre murió este asaltante. Si la justicia dominicana funcionara, “Lagrimita” estaría vivo… Pero en La Victoria… Y el doctor Gómez y su sobrino estarían en casa sin haber vivido nunca este drama. ¡Luego se quejan cuando la gente dice que en este país la Justicia es una basura!

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