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23 de abril del 2021

Opinión

Lecturas preocupantes

César Duvernay. Los detalles y las situaciones que bordean el asesinato del joven Fernelis Carrión Saviñón y por el que se acusa al sacerdote católico Elvin Taveras Durán, son tan graves como la misma tragedia que involucra pederastia, permisividad, homosexualismo, irresponsabilidad familiar, extorsión, complicidad, pornografía y ahora la aparente presión de sectores fácticos que lucen […]




César Duvernay.
Los detalles y las situaciones que bordean el asesinato del joven Fernelis Carrión Saviñón y por el que se acusa al sacerdote católico Elvin Taveras Durán, son tan graves como la misma tragedia que involucra pederastia, permisividad, homosexualismo, irresponsabilidad familiar, extorsión, complicidad, pornografía y ahora la aparente presión de sectores fácticos que lucen interesados en que las investigaciones no se profundicen. Y es lo acontecido el viernes 4 de agosto en la casa curial de la iglesia Santa Cecilia del sector Los Rosales en el municipio Santo Domingo Este, donde según confesión el religioso de 41 años mató a martillazos y puñaladas a Carrión de 16 y posteriormente lanzó su cadáver a unos matorrales de la carretera Guerra-Bayaguana, es una muestra de la degradación y la descomposición que evidencia la sociedad en su conjunto. Que un pederasta esconda sus aberraciones bajo una sotana y sea capaz de mantener relaciones homosexuales con un niño desde los 13 hasta los 16 y registrar las mismas en fotos y videos es gravísimo. Pero no es menos grave que una familia sea lo suficientemente permisiva para ver, o mejor dicho no querer ver, que su vástago manejaba fuertes cantidades de dinero y ostentaba artículos costosos sin otra explicación que la de “esto me lo dio el padre”. Como tampoco es admisible que sea luego de ocurrida la tragedia que la comunidad opine sobre el comportamiento sospechoso de este cura cuya casa vivía siempre llena de niños, que fue capaz de oficiar una misa como si nada en el mismo lugar del crimen solo dos días después y que para muchos no actuó solo y estaría a encubriendo a más personas entre aberrados y cómplices. Un lamentable hecho se suma al rosario de infracciones parecidas en las que sobresalen los casos del exnuncio Jozef Wesolowski,  del sacerdote polaco Wojciech Gil, del cura Alberto Cordero Reyes y el diácono Meregildo Díaz Díaz, solo para mencionar algunos ocurridos en los últimos diez años.

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