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11 de abril del 2021

Opinión

LGTB: ¡cuidado!

Llamó a casa una señora para contar que en la manifestación de apoyo a Dilia Leticia por la inclusión de la bandera de los LGTB en su escritorio, alguien llevó una imagen de Duarte con las uñas pintadas de rosado. Me reí, pero ella sollozaba, y lo único que dije es que posiblemente el autor […]




Llamó a casa una señora para contar que en la manifestación de apoyo a Dilia Leticia por la inclusión de la bandera de los LGTB en su escritorio, alguien llevó una imagen de Duarte con las uñas pintadas de rosado. Me reí, pero ella sollozaba, y lo único que dije es que posiblemente el autor o autora fue un agente infiltrado empeñado en hacerle daño al movimiento. ¿Paranoia? No si recordamos que Manolo Plata, el presunto asesino de Miriam Pinedo, se hacía pasar por militante del MPD cuando lo era del DNI y que no solo generó la acusación que la llevaría a la muerte, sino que la descuartizaría (era carnicero) y la distribuyó en maletas por Paris. Y no cuando se recuerda que quien puso la bomba en el Dominico Americano, que luego atribuyeron a Roberto Duverge, fue otro infiltrado en la “izquierda”, que ya antes había creado todo tipo de problemas entre el grupo de jóvenes que fue a Libia a entrenarse, y los capacitadores, provocando la expulsión de todos. Si los menciono es porque, como ellos y ellas, hay muchísimos más infiltrados en todos los movimientos sociales, empujando a la gente a posiciones que tienen como objetivo perjudicarles. Juan Pablo Duarte es el único padre de la Patria que podemos respetar, por sus posiciones políticas, más propias de un apóstol que del atraso del tiempo en que le tocó vivir. Cuando se fue del país, derrotado por la mezquindad, la envidia y las ambiciones desmedidas de los malos dominicanos, llegó a Venezuela y se refugió en la montaña, donde sobrevivió fabricando velas, como Manuelita Sáenz, la Libertadora del Libertador Simón Bolívar, aristócrata que terminó su vida exilada y en la más absoluta miseria. Argumentar que porque no se casó era gay es una soberana estupidez, porque para casarse un hombre de su tiempo tenía que tener los recursos necesarios para mantener una familia, y su familia lo había perdido todo durante la lucha por la independencia. Rosa, su hermana, tampoco se casó y dedicó su vida a mantener a toda la familia como modista. ¿Era también gay? No, no lo era, como no lo era Camila Henríquez porque su mejor amiga viviera con ella y toda su familia en su casa en Santiago de Cuba. Por cierto que cuando esa amiga regresó a su país se casó con un viejo enamorado, a quien Camila conocía y apreciaba. Entonces, no todo el que no se casa es gay, como no todos los casados son heterosexuales, como bien sabemos porque aquí todos nos conocemos. Es perentorio, cuando defendemos una causa, no perjudicarla con presuposiciones que debilitan nuestro argumento central: Respetar el derecho ajeno es paz. Por: Chiqui Vicioso

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