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11 de mayo del 2021

Política

Los caminos del PLD

Pablo McKinney. “LOS DÍAS PASAN…”. – Así es. Los días pasan, se acerca el año preelectoral de 2019, y la aprobación de la Ley de Partidos y las imprescindibles modificaciones a la Ley Electoral sigue “en sus quince”, en su nada, en su olvido. Vamos de mal en peor, de chiste malo a burla fea, […]




Pablo McKinney.

“LOS DÍAS PASAN…”. –
Así es. Los días pasan, se acerca el año preelectoral de 2019, y la aprobación de la Ley de Partidos y las imprescindibles modificaciones a la Ley Electoral sigue “en sus quince”, en su nada, en su olvido. Vamos de mal en peor, de chiste malo a burla fea, todo un bufeo, pero sin gracia. En el caso de la Ley Electoral están pendientes temas tan fundamentales como el tiempo de las campañas, el uso de los recursos del Estado, la propaganda o el acceso igualitario a los medios de comunicación, entre otros. Con el proyecto de Ley de Partidos no es diferente, pues en él no se enfrenta de manera contundente, con garra verdadera y verdadero régimen de consecuencias, las faltas en temas como el financiamiento, o la democracia interna. Al fin, una Ley sin régimen de consecuencias no es una ley sino un verso y de los malos, una especie de “merengue sin letra”, que es peor.

SIN REGLAS DE JUEGO EN LA ‘PELOTICA’.
Sobre estos temas, la FINJUS está convencida de que todo se hace “de una manera puramente enunciativa, sin profundizar en los conceptos y sin enfrentar de manera clara lo que son los problemas actuales de la democracia partidaria”, que los de FINJUS saben “verle la recta” a los honorables. Pasa el tiempo, los días pasan y no ocurre nada que pueda despertar algún nivel de optimismo y esperanza, por lo que, es muy posible que lleguemos a mayo 2020 sin reglas de juego, claras y sobre todo justas, y lo que es más grave: justo en el momento de la mayor crisis de credibilidad y confianza de los ciudadanos hacia la política, hacia los políticos y sus partidos.

A LA CAZA DEL OCTUBRE ROJO.  
Con el anuncio de ayer del inicio de la campaña por la candidatura presidencial de su partido, del presidente del Senado, Reinaldo Pared Pérez, más la ya proclamada por Domínguez Brito; las posibles de Navarro, Amarante Baret, Javier García o Castillo, estamos hablando de un real esfuerzo del sector Medina, en lo que, en estrategia política y cinematográfica podríamos llamar, como el film: “A la caza del Octubre Rojo”. El octubre rojo no es otro que el morado Leonel Fernández. ¿Logrará alguno de estos aspirantes, con el apoyo posible de los demás, superar al profesor en las preferencias electorales? Nadie puede saberlo, pero lo que sí se puede saber, porque se ve con claridad, es la estrategia que habrá de incidir en el escenario morado. Precisamente, mientras este escenario se desarrolla, tendrá tiempo el presidente Medina de reflexionar con tranquilidad sobre la conveniencia -o no- de una modificación constitucional para su segunda repostulación y posible tercer mandato, siempre y cuando -antes- los suyos logren convencer a las dos terceras partes del Congreso de apoyar las primarias abiertas, y de paso, -ya que como Luis Eduardo Aute, “pasaban por aquí”-, modificar también la Constitución de la República, a ella, ¡pobrecita!, más manoseada que el manubrio de una guagua “voladora”.

LA POSIBILIDAD DEL OUTSIDER.  
¿Qué ocurriría si de los delfines lanzados al mar de las preferencias electorales ninguno lograse “cuajar” como candidato; y ese sector no lograse convencer a las 2/3 partes del Congreso de apoyar las primarias abiertas y de paso una modificación constitucional? Para saber la respuesta a esa pregunta hay que entender lo siguiente: Por más “maidelplay” mentada por los termocefálicos de ambos grupos, el peor escenario para TODOS los peledeístas es el que los expulsa de la dirección del Estado. Es sólo a partir de entender lo anterior, que se puede comprender la posibilidad del surgimiento de la figura del outsider (que podría ser del mismo partido) en el PLD, y que sólo es posible como resultado de una negociación política entre Danilo Medina y Leonel Fernández. Sin llegar a Juan Luis Guerra, ambos tienen la tecla del corazón del otro. Conversen, profesores, conversen. (El vino y las tapas van por la casa).

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