01 de agosto del 2021

Política

Los dueños de la República

Por JOSÉ FRANCISCO PEÑA GUABA. El que no crea que los países tienen propietarios es porque no conoce la palmaria realidad de nuestros pueblos. Queremos creer que el pueblo es dueño de su destino, que sus decisiones dan forma y lugar a las agendas “reales” de los gobiernos, pero nada más infantil que creerlo así: estos […]




Por JOSÉ FRANCISCO PEÑA GUABA.

El que no crea que los países tienen propietarios es porque no conoce la palmaria realidad de nuestros pueblos. Queremos creer que el pueblo es dueño de su destino, que sus decisiones dan forma y lugar a las agendas “reales” de los gobiernos, pero nada más infantil que creerlo así: estos poco más de 48 mil kilómetros cuadrados de media isla tienen dueño, pertenecen a una corporación que actúa como propietaria y que no está compuesta por muchos accionistas. Es la oligarquía dominicana.

Desde los inicios de la República ésta ha mantenido el control casi monopólico de todos los bienes de producción. Los habitantes como mucho somos sus obreros, muy mal pagados por cierto. Los males ancestrales que como país arrastramos nunca se resolverán, son estructurales, tienen que ver con la protección de los intereses de los que mandan, los que deciden todo lo que se hace aquí. Los presidentes, sin excepción, han tenido que pactar con los integrantes de la oligarquía para poder gobernar, y cuando ha sido difícil la coexistencia de pareceres e interés estratégicos, se hacen abortar las gestiones gubernamentales que les han plantado cara. El más ilustrativo de los casos es el golpe de estado al Profesor Bosch en el 1963.

La oligarquía se ha prestado para todo, entre otras cosas para evitar que los auténticos representantes de nuestro pueblo lleguen al Palacio Nacional. Solo hay que tomar como referencia todo lo que hicieron para impedir que José Francisco Peña Gómez subiera las escalinatas de la mansión de Gazcue. No fue tanto por su color u origen, más bien fue por la coherencia de sus ideas que el líder del Partido Revolucionario Dominicano no llegó a culminar sus sueños. Si el “Danton de Mao” (como le llamaba el Chino Ferreras a Peña Gómez) hubiera sido un conservador, ellos le hubieran dado paso, pero hasta ahora, todo el que trató de enfrentarlos no tuvo posibilidad real de llegar al poder en esta sufrida Republica.

La oligarquía ha tomado el control de todas las formas de producción, incluyendo los medios de comunicación para influir decididamente en el pensamiento de las masas. Es tan asfixiante y evidente lo que pasa hoy en nuestra patria, que todo vestigio de actividad comercial independiente está siendo barrida por la instalación en toda la geografía nacional de las principales cadenas comerciales, que llevan a la quiebra a todos los modestos negocios que existían en el interior y todo esto ante la mirada cómplice de las autoridades, a quienes parece no importarles en lo absoluto el interés colectivo.

Cada día esta oligarquía nuestra tiene más poder. Solo hay que leerse el brillante artículo de la prestigiosa doctora Carmen Imbert Brugal, titulado “Del patrocinio al mando”, ­que los invito a leer porque en el mismo, con agudeza, la reconocida jurista e intelectual establece cómo y por qué la oligarquía ya no quiere auspiciar ni patrocinar a político alguno, al contrario, ahora pretenden tomar el poder político por sí mismos. Por eso han iniciado una campaña sinuosa contra la clase política, con la finalidad de alejar a los electores de los partidos para construir candidatos de su clase, que solo sirvan a sus particulares intereses. Verán cómo, en los próximos años, figuras destacadas del área empresarial lanzarán sus proyectos electorales, contando con el apoyo, el respaldo económico y la plataforma mediática al servicio de la oligarquía nacional.

Nuestra oligarquía negrera no se sacia con nada, ni siquiera con los pingües beneficios que obtienen de todos los favores estatales. No les interesa una parte, van por todo para no tener que compartir el poder con incómodos proyectos partidarios, que en momentos pueden presentar atisbos de independencia. En sus irreflexivas intenciones están creando una masa crítica que hará explotar las débiles instituciones democráticas: no dejarán otro camino que el de algún predestinado, sin compromiso social, auspicie un movimiento social que sacuda hasta los cimientos de su insultante opulencia.

Pero para conocer las características de los dueños de la República Dominicana, les presento el “Decálogo de la oligarquía nacional”.

1- La oligarquía étnicamente representa a la minoría de nuestra nación. Aquí existe un 70% de mulatos, un 15% de negros e igual porcentaje de blancos, pero nuestro flamante círculo de ricos está integrado en más de un 95 % por ciudadanos de raza blanca, por eso subyace cierto nivel de racismo en altos niveles de la pirámide social de nuestra patria.

2- Hay que acotar que la oligarquía dominicana es extranjera, en su amplia mayoría descendiente de españoles y árabes, entre otras naciones. Es común ver que ellos tienen doble nacionalidad con sus respectivos países de origen, por lo cual a una parte importante ni les interesa tener ni pasaportes dominicanos. Sus gustos y tradiciones están unidos a los de sus ancestros, por eso en su accionar no se parecen a la mayoría de sus nacionales.

3- Como ha sido desde la fundación de la República, siempre han respondido a intereses foráneos, antes al imperio español, después al de los Estados Unidos de América. Nuestra clase oligárquica es “yanquista hasta la médula”, guiándose políticamente por “los dictados del Norte”, de donde resulta que le interesa poco o nada defender nuestros intereses como nación, salvo que se atente o pretenda afectar de alguna manera sus inmensas fortunas.

4- Nuestra oligarquía es primordialmente católica, no se adhiere a otras confesiones cristianas para proteger sus vínculos de Estado. Por eso se alinean casi siempre con las posiciones de la iglesia oficial. Nuestra historia demuestra que siempre ha existido una acción común entre esos sectores, que en algunas ocasiones los han llevado a participar en acciones anti democráticas, como lo del golpe septembrino de 1963.

5- La oligarquía dominicana no auspicia movilidad social, solo entregan sus patrimonios a sus familiares a quienes los instan a mantenerse “étnicamente puros”. Por eso es difícil que se casen con mulatos o negros, casi siempre lo hacen entre ellos mismos y hasta entre sus propias familias; sin importar los años de servicio de sus empleados estos nunca tendrán la posibilidad de dirigir sus grupos empresariales, porque eso es privativo “de la familia”, a cuyos miembros mandan a estudiar al extranjero.

6- La oligarquía nuestra es racista y anti haitiana, pero son los dueños de casi todos los negocios que se realizan con la vecina nación. ¡Qué contradicción! También son los mayores beneficiarios de la mano de obra barata haitiana, son los más críticos de la presencia de los haitianos, pero esto no es más que una pose, porque nadie ha hecho crecer más las fortunas de nuestra clase empresarial que la obtenida con el sudor y lágrimas de los obreros haitianos.

7- La oligarquía ha visto aumentar su riqueza gracias a la indulgencia estatal. Se han hecho decenas de leyes para proteger sus bienes, se les han otorgado subsidios y exoneraciones que al día de hoy superan los 150 mil millones de pesos anuales, sin contar que todo lo que se hace, siempre, es para beneficiarle.  Mientras a las micro, pequeñas y medianas empresas se les dan migajas, a la oligarquía se le han construido las “alianzas público-privadas” para entregarle lo poco que le queda ya al Estado, para que ellos se queden administrándolo todo, con el amparo de los gobiernos y principalmente el anterior, que hizo todo para beneficiarles creyendo que estos los dejarían en el poder, si bien prefirieron seguir las instrucciones del “gigante del norte”, de manera que se alinearon con Luis Abinader y dejaron en indefensión a los morados.

8- La oligarquía es dueña de casi todos los medios de comunicación de masas tradicionales (prensa, radio y televisión). Lo único que no han podido controlar son los medios digitales y las redes sociales. Con ese poder influyen en los hábitos de consumo de la población y en la determinación electoral, puesto que los candidatos presidenciales se ven obligados a pactar con ellos desde antes de llegar al poder, para evitar que usen su poder mediático en contra de sus proyectos políticos.

9- La oligarquía tiene control de la “sociedad civil” que ellos organizan y financian con la finalidad de incidir socialmente, de competir por espacios con los partidos y promover sus alfiles, para colocarlos en todas las instancias de poder, en las altas cortes y en el gobierno, para garantizar que sus tentáculos estén en todos lados como forma de proteger sus patrimonios.

10- La oligarquía dominicana, ultraderechista como es, ha usado todo su poder e influencia para disminuir a su mínima expresión los proyectos de cambio y de centro izquierda. Son ellos los que han logrado el proceso de “derechización” en la política nacional. Por eso casi todos los partidos y grupos con posibilidades de poder han abjurado de sus otrora “posiciones de avanzada” para gestionarse su apoyo. Por eso es que, gestión tras gestión, más empresarios o representantes de estos obtienen más cargos de poder. Es simple, ellos ponen los gobiernos.

Cómo verán, nuestra oligarquía tiene sus tintes particulares, como la cebarse contra todo aquel osado o atrevido nuevo rico que con alguna complacencia presidencial ha tomado cierta cuota de poder o ha tenido importante patrimonio al salir del gobierno. Se abalanzan contra estos hasta que los quiebran y los hacen meter presos por corrupción. Es como una lección para que no osen meterse en sus privativos negocios. Los ejemplos de lo que aquí alego todos los de mi generación los conocen, no esperen que cambiará nada porque los gobiernos, genuflexos, seguirán fortaleciendo a la oligarquía en contra de los intereses nacionales. Claro está “lo mucho hasta Dios lo ve” y es posible que su proverbial glotonería termine por unificar los sectores populares, en interés de defenderse de sus desmanes intenciones. Viendo el proceder de nuestra blanca oligarquía les hago recordar las palabras de Evita Perón, que “más abominable aun que los imperialistas son los hombres de las oligarquías nacionales, que se entregan vendiendo y a veces regalando por monedas o por sonrisas la felicidad de sus pueblos

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