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14 de mayo del 2021

Opinión

Los nombres de la isla

Juan Daniel Balcácer. Entre los múltiples temas de la historia dominicana que resultan apasionantes, figura la cuestión relativa a los nombres tanto indígenas como europeos que ha tenido la isla. Parecería un asunto de carácter semántico o de simple toponimia, pero en realidad no es así, pues del nombre europeo que finalmente se adoptó para […]




Juan Daniel Balcácer.

Entre los múltiples temas de la historia dominicana que resultan apasionantes, figura la cuestión relativa a los nombres tanto indígenas como europeos que ha tenido la isla. Parecería un asunto de carácter semántico o de simple toponimia, pero en realidad no es así, pues del nombre europeo que finalmente se adoptó para la isla derivan el nombre de nuestro país, el gentilicio de los dominicanos y el nombre del Estado nación.

Nombres taínos. Cristóbal Colón reiteradas veces consignó, en su “Diario de Navegación”, que los taínos llamaban a la isla Bohío, pero nunca mencionó el vocablo Quisqueya. Diego Álvarez Chanca, físico de la Armada del Almirante durante su segundo viaje al llamado Nuevo Mundo, fue el primero en afirmar que los aborígenes la designaban Bohío y también Haití. Cuando Pedro Mártir de Anglería, que nunca viajó a las Indias Occidentales, escribió su “Décadas del Nuevo Mundo”, se hizo eco de las versiones precedentes y dio por un hecho fáctico el uso de los vocablos Bohío o Haití, agregando el término de Quisqueya. Luego, otros cronistas como Las Casas y Oviedo, que sí estuvieron en las Indias, repitieron la misma versión de Anglería, la cual, a su vez, fue reproducida por los primeros historiadores dominicanos.

Nombres europeos. De conformidad con una práctica común a los imperios europeos cuando sometían al coloniaje a los pueblos que “descubrían”, Colón y los demás conquistadores de América, tras verificar cómo los aborígenes llamaban a sus legítimas posesiones territoriales, procedieron a sustituir parte de la toponimia vernácula y a bautizar con nombres europeos los territorios incorporados a sus dominios. Así, maravillado por la belleza de nuestra isla, el Almirante reveló que como en ella había “unas vegas” que juzgó “las más hermosas del mundo y cuasi semejables a las tierras de Castilla”, a las que más bien superaban, el 9 de diciembre de 1492, le “puso por nombre a la dicha isla la Isla Española”. Al cabo de seis años, su hermano el Adelantado Bartolomé Colón fundó, sobre la margen oriental del río Ozama, una ciudad que bautizó con el nombre de Santo Domingo, según se dice debido a tres razones: 1) que llegó al lugar un día domingo; 2) en honor al Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden de predicadores de los dominicos; y, 3), que el padre de los Colón se llamaba Doménico.

Isla Española o de Santo Domingo. La ciudad de Santo Domingo, tras ser destruida por un huracán en 1502, fue trasladada a la margen occidental del río Ozama (donde actualmente se encuentra la zona colonial) por disposición de su gobernador, que lo era Frey Nicolás de Ovando.  Fue de tal magnitud el esplendor que alcanzó la nueva urbe, que no tardó en convertirse en el principal puerto y centro de actividades comerciales de la isla Española. Según nuestros primeros historiadores, mediante Real Cédula, del 6 de diciembre de 1508, el rey de España extendió el nombre de Santo Domingo a toda la isla. Aun cuando se desconoce esa Real Cédula, se cree que Santo Domingo se aplicó para toda la isla por uso general, tal vez por parecerle más simpático y cómodo tanto a europeos como a criollos. El nombre de Isla Española, en cambio, prevaleció durante los primeros tres decenios del siglo XVI; pero ya hacia 1550 se usaba Santo Domingo o se combinaba con el de Española de esta manera: Isla Española de Santo Domingo. Finalmente, la isla solo se conoció como Santo Domingo y así continuó conociéndose aun después de dividirse en dos colonias con comunidades etno culturales distintas: Saint Domingue, en la parte occidental, y Santo Domingo español, en la parte del este. La confusión surgiría en el siglo XIX, a raíz del surgimiento del Estado haitiano, en 1804, y del Estado dominicano, en 1844, en virtud de que cada uno atribuyó a la misma isla un nombre diferente: isla de Haití, según los haitianos; isla de Santo Domingo, de acuerdo con los dominicanos. Andando el tiempo, la confusión generada por el uso de ambas designaciones, dio lugar a que durante la primera ocupación militar norteamericana de Haití (1915-1934) y de la República Dominicana (1916-1924), los interventores tomaran la iniciativa de identificar la isla con el nombre de Hispaniola. Me referiré a este tema en una entrega posterior.

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