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19 de abril del 2021

Opinión

Luz al final del túnel: La vacuna

Por: BERNARDO VEGA. Todo indica que para el próximo marzo los dominicanos nos comenzaremos a vacunar contra el covid 19. Gracias a un entre nosotros inusual continuismo de Estado, el gobierno de Danilo Medina negoció con la Organización Mundial de la Salud (OMS) la compra de cinco millones de vacunas de la empresa Astra Zeneca […]




Todo indica que para el próximo marzo los dominicanos nos comenzaremos a vacunar contra el covid 19. Gracias a un entre nosotros inusual continuismo de Estado, el gobierno de Danilo Medina negoció con la Organización Mundial de la Salud (OMS) la compra de cinco millones de vacunas de la empresa Astra Zeneca y la universidad de Oxford, cuya calidad hoy temporalmente controversial, dentro del programa Covax, que abarca a la mayoría de los países emergentes, y el gobierno de Luis Abinader envió la plata para cubrir el avance, el que fue aportado por varias empresas nacionales. Covax busca que los países ricos también adquieran la vacuna, para así crear una masa crítica de pedidos que bajen los costos. Tan solo Estados Unidos y Rusia se han negado a participar en el mismo. Los norteamericanos y algunos europeos comenzarán a vacunarse en pocas semanas, como es típico de las injusticias entre ricos y pobres. Ya el año pasado durante la pandemia de gripe porcina (H1N1) ocurrió lo mismo y pasaron ocho meses antes de que la vacuna llegara a los países emergentes. Pero para que todos quedemos inmunizados es necesario que por lo menos la mitad de nuestra población se ponga la vacuna, la que requerirá de dos pinchazos con pocas semanas entre sí. De lo contrario no podríamos salir a la calle sin correr el riesgo de ser infectados por los no vacunados. Los cinco millones que sí se vacunen provocarían el “efecto manada” que eliminaría ese riesgo y la pandemia en sí Pero ya en Estados Unidos, según una encuesta de CNN, un 42% de la población rehúsa vacunarse y en Francia un 45%. Esa absurda actitud refleja el populismo y la mala actitud que se tiene con relación al liderazgo político. El mejor caso es el de Trump quien dijo en marzo que se trataba tan solo de un catarro. Lamentablemente las redes sociales propagan esa campaña anti vacuna. Entre nosotros, en 1917, durante la primera ocupación militar norteamericana, surgió una resistencia a vacunarnos contra la viruela, la que devino como tema político en una campaña antiamericana. Es necesario que los dominicanos ahora nos comprometamos a una campaña patriótica para lograr que el grueso de la población se vacune. Nuestros principales líderes políticos deben de apoyarla, incluyendo el liderazgo oposicionista. Después de todo fue el PLD el que negoció la compra de las vacunas. No debe esto convertirse en un tema político controversial con el Colegio Médico, por ejemplo, criticando la campaña. Nuestra sociedad civil, el liderazgo empresarial y las iglesias deben de apoyar la misma. El proceso de vacunación tomará meses, dado tanto la necesidad de distanciamiento social como la cantidad de personas envueltas. Entre las prioridades está primero vacunar a médicos, enfermeras-os, policías y militares así como a los civiles mayores de edad, incluyendo los que están en hogares de ancianos. El principal cuello de botella probablemente estará representado por la limitada cantidad de enfermeras y médicos capacitados para vacunar, a no ser que surjan muchos voluntarios. ¿En qué lugares vacunar? Algunos opinan que debe ser en los mismos lugares, mayormente escuelas, donde votamos en las elecciones presidenciales, los cuales cada uno conoce, con un número máximo de personas por día, convocando por sexo, edad u orden alfabético. Otros opinan que las escuelas no pueden utilizarse pues los maestros las estarán usando en el programa de clases remotas. Otros opinan que los estadios de béisbol serían un buen sitio. La logística es bien complicada y por eso aún más requiere el apoyo de todos nosotros. Para complicar aún más la cosa será necesario establecer registros sobre quiénes han sido inmunizados entre los diez millones de dominicanos, documentados como si fuera una segunda cédula. Si fracasa el esfuerzo de vacunar en Haití, entonces habría que permitir que crucen la frontera tan solo los que evidencien con documentos que han sido vacunados. Igualmente debemos asegurarnos de que solo lleguen turistas vacunados. Un aspecto político es que China y Cuba probablemente nos ofrezcan vacunas, como la Soberana 01 cubana, así como enfermeros-as. ¿Lo aceptamos?

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