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12 de mayo del 2021

Opinión

Mala costumbre buena

Orlando Gil. orlandogil@claro.net.do/@orlandogildice. Una mala costumbre que de a poco y de a tanto se hizo buena: recapitular el año, pasar balance a los acontecimientos, incluso decidir cuál fue la noticia más importante. Digo mala porque después de superar la prueba 365 días, volver sobre la marcha y ver los hechos uno a uno y […]




Orlando Gil.
orlandogil@claro.net.do/@orlandogildice.

Una mala costumbre que de a poco y de a tanto se hizo buena: recapitular el año, pasar balance a los acontecimientos, incluso decidir cuál fue la noticia más importante.

Digo mala porque después de superar la prueba 365 días, volver sobre la marcha y ver los hechos uno a uno y todos juntos, no puede ser un ejercicio de complacencia y satisfacción.

Fue antojo decir que recordar es vivir y en un tiempo fue la mejor publicidad. Solo que vale recordar lo grato, vivir lo  agradable.

Los buenos momentos que pueden serlo en lo personal, pero no como comunidad, como nación. Además de la naturaleza de la información.

El año que ahora se entrega en brazos de la nostalgia fue político, y el decirlo tiene una implicación que tampoco se aceptaría como válida.

Fue político porque la economía anduvo estrecha pero soberbia, pues en caso contrario las contradicciones, los entredichos, las crisis hubieran sido económicas.

El 2019 no solo fue político, sino intenso, dentro, fuera y por los alrededores de los partidos, todos los cuales tuvieron inconvenientes internos o en el exterior para posicionarse vistas las elecciones del 2020.

Las incidencias en el PLD fueron de marca mayor, y todavía no se tiene claro en que finalmente terminará su fragmentación.

Las encuestas no ayudan, pues en circunstancias como las actuales se dejan ir o llevar, y que cada cual se engañe si ese fuera su gusto.

La dirección de confiada cree que van tapando los parches y que el daño no fue tan grave como hacía suponer la renuncia de uno de sus principales líderes o de que este formara tienda aparte.

La nueva casa  tampoco aparenta la más apropiada, pues con tanto acoso e intención de derribo se hace imposible edificar algo fuerte y duradero.

Con cimientos débiles y armazón escaso, inadecuado, difícilmente pueda levantarse nada prodigioso, y mucho menos si las trompetas son capaces de derrumbar murallas.

Así, que el año que termina es político, pero por ser político no se agota en sí mismo, y más bien anticipa lo que vendrá y será el 2020.

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