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21 de abril del 2021

Opinión

Maldición de La Malinche

Un fenómeno bastante singular se está dando con hombres y mujeres que huyendo a la pobreza o la persecución política en sus respectivos países llegan al nuestro en masas por los aeropuertos siendo recibidos con los brazos abiertos, ofreciéndoles una solidaridad inigualable. En un club social me encontré en la puerta con una hermosa joven […]




Un fenómeno bastante singular se está dando con hombres y mujeres que huyendo a la pobreza o la persecución política en sus respectivos países llegan al nuestro en masas por los aeropuertos siendo recibidos con los brazos abiertos, ofreciéndoles una solidaridad inigualable. En un club social me encontré en la puerta con una hermosa joven que daba paso a los socios. Le pregunté. ¿De dónde eres? Venezolana, respondió. –Si fueras haitiana no estaría ahí- le dije. Los venezolanos y las venezolanas están laborando en los restaurantes, bares, prostíbulos, súper mercados, salones de belleza, hoteles, etc. Igual que los colombianos. Aclaro, no tengo nada en su contra. Al contrario, me simpatizan al igual que los puertorriqueños y de otras nacionalidades, lo que me molesta es la discriminación, la inequidad, es el trato que le damos a unos y a otros. Los venezolanos, argentinos y colombianos son blancos, ojos claros y pelo lacio (“bueno”) al estilo anglosajón. Tienen cierto nivel de educación que se advierte cuando hablan. Ellos hacen el trabajo de los dominicanos, contrario a los haitianos, contra quienes hemos mantenido una campaña racial de odio, venganza y violencia. Pero ocurre que los haitianos hacen el trabajo que hace tiempo no hacen los dominicanos, como el corte de la caña, la construcción de torres y avenidas, y en los campos agrícolas de terratenientes, como esclavos muchas veces.
Y si el extranjero es estadounidense, canadiense o europeo, se lo damos todo a cambio de nada. La actitud dominicana frente al extranjero es antológica. Digamos que desde los tiempos de Cacique Guacanagarix que se mostró complaciente con los invasores que encabezados por Cristóbal Colón, intercambiando oro por espejos. El “complejo de Guacanagarix” se expresa en el culto a los extranjeros en perjuicio de nosotros mismos. El poeta René del Risco Bermúdez describe esa situación magníficamente bien en el poema “Oye Patria”. Todo lo bueno está en el extranjero. Aquí nada sirve, dicen los que de eso viven, como afirma el poeta. La Patria de los Trinitarios ha sido entregada en bandeja de plata en varias ocasiones. A tal punto hemos llegado, nos han “desdominicanizado” tanto que si Estados Unidos abre sus puertas los dominicanos dejan la media isla desierta. Pero no solo los dominicanos hemos sido complacientes con los de afuera en detrimento de los de adentro. Durante la invasión española el caso Mexicano tiene su particular historia. La Malinche era una reina hermosa, que llegó a dominar tres idiomas, entre ellos el castellano, lo que le permitió ser traductora y amante de Hernán Cortez con quien incluso tuvo un hijo. Ella fue un soporte muy importante en la victoria de los españoles en contra de su propio pueblo.

Por:

Juan Taveras Hernández .

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