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11 de mayo del 2021

Opinión

Maldición electoral

Por: José Báez Guerrero. Ningún presidente, desde Santana hasta Danilo, ha podido ejercer tranquilamente como ex jefe de Estado. Quienes no fueron tumbados (Jimenes, Espaillat, Vásquez, Bosch), asesinados (Pepillo, Lilís, Cáceres, Trujillo), suicidado (quizás Santana evitando enjuiciamiento, Guzmán), exiliados (Báez, Cabral, Luperón, Nouel, etc.), procesado o condenado judicialmente (Jorge Blanco), si permanecen viviendo aquí se ven […]




Por: José Báez Guerrero.

Ningún presidente, desde Santana hasta Danilo, ha podido ejercer tranquilamente como ex jefe de Estado. Quienes no fueron tumbados (Jimenes, Espaillat, Vásquez, Bosch), asesinados (Pepillo, Lilís, Cáceres, Trujillo), suicidado (quizás Santana evitando enjuiciamiento, Guzmán), exiliados (Báez, Cabral, Luperón, Nouel, etc.), procesado o condenado judicialmente (Jorge Blanco), si permanecen viviendo aquí se ven obligados a aspirar eternamente a intentar volver (Bosch, Balaguer, Majluta, Leonel e Hipólito), porque apearse del poder y quedar desguarnecido es un gravísimo peligro.

Esa es la triste tragedia dominicana. De los grandes, solo Bosch, porque vivió tanto que le flaqueó la mente, no siguió aspirando mientras estuvo respirando.

Si cualquiera calzara los zapatos de Mejía, Fernández o Medina, ¿podría sinceramente sentirse cómodo o garantizado en una “polity” que como Saturno devora sus hijos? Es casi imposible ser presidente de cualquier país, y más aun aquí, sin quedar con pecados guardados en un clóset.

La alternancia o cambios son posibles al pactarse, aun tácitamente, que solo ilícitos gravísimos merecen perseguirse. Contrariamente, ¡incomodísimo ser expresidente sin amenazar con volver!

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