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13 de mayo del 2021

Opinión

Más de lo mismo

Orlando Gil.  No puede negársele carácter de buena costumbre política de­nunciar en campaña, en transi­ción y en inicio de gobierno. Tres tiempos diferentes, pero cerca­nos, y por tanto, con la misma finalidad. Las denuncias en campaña se caen de la mata, y no importa si invento o verdad, pues la carga irá a los hombros […]




Orlando Gil.

 No puede negársele carácter de buena costumbre política de­nunciar en campaña, en transi­ción y en inicio de gobierno. Tres tiempos diferentes, pero cerca­nos, y por tanto, con la misma finalidad.

Las denuncias en campaña se caen de la mata, y no importa si invento o verdad, pues la carga irá a los hombros o espaldas del opo­nente.

Adversario que no descalifica, opción que nunca llegará al poder, ya que las diferencias nunca estarán en los modos, en los enfoques, sino en las denuncias.

Las denuncias en la transición es una forma de mantener a soga a corta al gobierno que sa­le, de manera que si va a cometer deslices, in­delicadezas, lo piense dos veces.

La tentación no se contiene, y la adverten­cia, si no frena, por lo menos recuerda las con­secuencias. Amagar cuando todavía no se tie­nen los mandos para dar.

La pasada administración hizo en los días fi­nales lo que hacen todas gestiones al terminar­se el período. Tomar medidas que antes no, o por prudencia o por dudar que fueran correc­tas.

Lo malo o lo bueno, dependiendo del espe­jo, es que cada acto del Ejecutivo – al cerrarse el capítulo de su mandato, ofende, pues se le con­sidera disminuido en su autoridad.

Eso no es lo que dice la Constitución, lo que consignan las leyes, pero si un predicamento que impone la práctica y fundamenta la expe­riencia.

Las denuncias de inicio de gobierno son las mejores, ya que no solo buscan mostrar la es­pada de Damocles, que — como hay que su­poner — pende sobre la cabeza de los despla­zados, sino la fatal herencia que se recibe. La maldad objetiva que supera cualquier virtud subjetiva.

No se conoce en la historia una administra­ción que salga del poder sin dejar un país sa­neado y en condiciones óptimas. O uno que asuma sin queja, sin lamentar las deudas.

Joaquín Balaguer le entregó a Leonel Fer­nández un avión en la pista, no volando, y Fer­nández legó a Danilo Medina un baúl lleno de facturas.

Nada nuevo bajo el sol, por tanto. Lo que se observa en estos días es más de lo mismo.

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