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18 de mayo del 2021

Opinión

Más y mejores gastos en la juventud

DANIEL TORIBIO. El Banco Mundial ha señalado que, en los países pobres como el nuestro, tres de cada cinco estudiantes de la escuela primaria no logran un nivel educativo básico. La falta de calidad y efi ciencia del sistema educativo puede muchas veces explicar, más que el acceso a planteles educativos, la escasez de mano […]




DANIEL TORIBIO.

El Banco Mundial ha señalado que, en los países pobres como el nuestro, tres de cada cinco estudiantes de la escuela primaria no logran un nivel educativo básico.

La falta de calidad y efi ciencia del sistema educativo puede muchas veces explicar, más que el acceso a planteles educativos, la escasez de mano de obra califi cada, ya no sólo para el futuro, sino también en el presente.

La falta de capacidades y destrezas, así como las de oportunidades, crea una masa de jóvenes entre 15 y 24 años que no estudian ni trabajan, convirtiéndose en carnada fácil para la delincuencia.

Los crímenes que cometen algunos de nuestros jóvenes, y las justifi caciones que públicamente confi esan, nos llenan de estupor y preocupación. Debemos invertir más en los jóvenes, pero que este gasto sea efi ciente y efi caz que redunde en el mejoramiento de sus habilidades para insertarse en el mercado de trabajo o de reinsertarse en los estudios formales de calidad.

Imputarle solamente a la falta de inversión en los jóvenes la delincuencia, no es correcto.

Creemos que hay una relación directa entre la desigualdad y la criminalidad. En una entrevista que le hicieran al economista del Banco Mundial Hernan Winkler lo explicaría muy convincentemente, como una relación costobenefi cio: “…Mientras más escasas sean las oportunidades económicas para los pobres y mayor sea la brecha de ingresos entre pobres y ricos, los benefi cios económicos de crímenes como robos o secuestros –que muchas veces terminan en homicidios– tienden a ser mayores”.

No sólo se necesita que haya crecimiento económico, sino que se hace necesario una mejor distribución del ingreso y de las oportunidades entre los diferentes estratos de la población, al tiempo que se mejora la calidad y cantidad del gasto en los jóvenes.

Hace unos días el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNNPA) conjuntamente con el Ministerio de Economía y Desarrollo (MEPyD), el Ministerio de la Juventud y la Dirección General de Presupuesto (DIGEPRES), elaboraron un interesante trabajo sobre el gasto público social en la adolescencia y juventud (2012-2016) en la República Dominicana.

El propósito del estudio es el de determinar cuánto y cómo se invierte en el país en jóvenes y adolescentes. A pesar de que el estudio no realiza una comparación estadística de nuestro país con la región, o con países similares, que nos permita saber en qué posición respecto a los demás estamos (tal vez se haga posteriormente). Del estudio se puede resaltar la ausencia de un ente centralizador y dominante que aplique políticas de juventud.

El Ministerio de la Juventud, que es el llamado a promover el desarrollo de los jóvenes y adolescentes, y de estimular la integración de estos en las actividades culturales, sociales, económicas y políticas tiene un presupuesto mucho más bajo que el que dedican otros ministerios al mismo renglón.

La institución que más recurso destina a la juventud es el Ministerio de Educación, siguiéndole el de Salud Pública, Presidencia de la República, Educación Superior Ciencia y Tecnología, el de Cultura, el de Deportes y Recreación, el de Defensa y el de Obras Públicas y Comunicaciones, dejando en un lejano noveno lugar a la institución que se supone debería dedicarse promover a esta parte de la población, el Ministerio de la Juventud.

Un pequeño esfuerzo institucional se requiere: pasando recursos de esos ministerios al de la Juventud, concentrando y coordinando esfuerzos entre los diferentes organismos. Esto sería un gran salto en la disposición y puesta en práctica de una política de juventud que ayude a disminuir la cantidad de personas que ni trabajan ni estudian.

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