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17 de abril del 2021

Opinión

Memorias del director de un manicomio

Juan Daniel Balcácer. En 1966, cuando nuestro país comenzaba a reunificarse tras la revolución y guerra patria de aquel Abril heroico, circuló un libro que mereció una espectacular acogida en nuestro entonces limitado mundo editorial. Se trata de “Mis 500 locos. Memorias del director de un manicomio”, autoría del médico psiquiatra Antonio Zaglul (1920ó1996), obra […]




Juan Daniel Balcácer.
En 1966, cuando nuestro país comenzaba a reunificarse tras la revolución y guerra patria de aquel Abril heroico, circuló un libro que mereció una espectacular acogida en nuestro entonces limitado mundo editorial. Se trata de “Mis 500 locos. Memorias del director de un manicomio”, autoría del médico psiquiatra Antonio Zaglul (1920ó1996), obra que pronto devino en un fenómeno editorial sin precedentes entre los dominicanos. “Mis 500 locos” fue, como se consigna en el subtítulo, una suerte de memorias del doctor Zaglul mientras estuvo al frente del manicomio “Padre Billini”, institución que dirigió entre 1950 y 1959. En esa época, ese centro de salud mental se encontraba ubicado en Nigua, provincia San Cristóbal, y ocupaba las instalaciones de lo que había sido una cárcel construida durante la primera ocupación militar norteamericana (1916-1924). La cárcel se mantuvo en uso durante las primeras décadas del régimen trujillista y en sus tétricas mazmorras fueron aherrojados numerosos opositores políticos, quienes padecieron inenarrables torturas y contrajeron diversas enfermedades que ocasionaron la muerte de muchos y marcaron física y mentalmente a otros tantos. (Para describir el terror que significaba estar preso en la cárcel de Nigua, la sabiduría popular solía decir que era preferible tener “cien niguas en un pie y no un pie en Nigua”.) Refiere Zaglul que cuando asumió la dirección del manicomio, en el mismo había 500 enfermos mentales; y aunque posteriormente el número aumentó significativamente, lo cierto es que el título de su libro, “Mis 500 locos”, adquirió categoría de número simbólico. En efecto, 500 parecía una cifra sobremanera elevada e indefinida. Años después, el propio autor lo explicaría así: “Mis 500 locos tuvo la suerte de prender conciencia en los dominicanos acerca del problema de las enfermedades mentales. El 501 es ya un símbolo”. “Lo que comenzó como un chiste se fue convirtiendo en un simbolismo... La locura y la muerte destruyen el yo y el solo pensamiento de que nos pueda suceder genera angustia... Nadie quiere ser el 501, tal vez ese ha sido el éxito de “Mis 500 locos”, que, en suma, fue un libro profundamente humano que enseñó a los dominicanos a superar el ancestral prejuicio con el que en la sociedad se trataba a los enfermos mentales.

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