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11 de mayo del 2021

Opinión

Mi fe y mi religión

Emerson Soriano. emersonsoriano@hotmail.com. En muchas ocasiones he tenido en mis manos testimonios escritos de personas exitosas en algún renglón de la vida hechos con la pretensión de servir de referencia para alcanzar dicho éxito. Sé que la noción de éxito varía de persona a persona -ya lo decía Schopenhauer: “El mundo es mi idea”-, por […]




Emerson Soriano.
emersonsoriano@hotmail.com.

En muchas ocasiones he tenido en mis manos testimonios escritos de personas exitosas en algún renglón de la vida hechos con la pretensión de servir de referencia para alcanzar dicho éxito. Sé que la noción de éxito varía de persona a persona -ya lo decía Schopenhauer: “El mundo es mi idea”-, por lo que aquello termina siendo la correspondencia entre lo logrado y la escala de valoración subjetiva.

Tomando en consideración lo anterior me atrevo a considerarme exitoso, pues mis mejores expectativas devienen mi mayor acervo al abrir mis ojos cada día y celebrar el maravilloso acto de ver el rayo de sol que me ha despertado. Cuando tengo la oportunidad de dar un gran abrazo a mi nieta Ximena, a un hijo, a mi esposa, a un amigo sincero. Cuando puedo conversar sobre temas filosóficos o literarios con amigos como Pedro Virginio Balbuena, Domingo Cruz Ureña, Fidias Aristy o Apolinar Núñez. Cuando leo a George Steiner. Cuando, en fin, puedo escuchar a Bach, Beethoven o a Chaikovski.

Practico cada día el desapego y la renunciación a lo material, en cuanto me sea posible. Nada tengo que no haya encontrado y deba dejar aquí. No me quejo de carencias materiales, solo contribuye a aumentarlas. Vivo mi espiritualidad y respeto la ajena. Decreto la abundancia cada día en los órdenes de salud, belleza, paz, alegría, amor, éxito, seguridad e inteligencia. Lo necesario está aquí.

Al despertar cada día doy gracias a Dios por darme la oportunidad de ver un nuevo día, a través del cual puedo confirmar su magnífica existencia, en mí y en todo lo que me rodea. Le doy gracias por todo lo que me da y todo lo que me hace falta, porque solo él sabe lo que me conviene. Le pido hacerme instrumento de su paz, de su misericordia y su sentido de lo humano, compasión por los que sufren dolores físicos y dolores espirituales y que despierte su espíritu en ellos y en mí. Que me dé buenos pensamientos, para traducirlos en buenas palabras y buenas acciones.

Como muchos conocen que en este año Dios nos bendijo con un regalo material, para aquellos a quienes les pueda servir, quiero decirles que ello ocurrió por mi filosofía de vida, manifestada básicamente en la técnica de los decretos expresados en palabras. Esa técnica obra y con sobrada abundancia y poder.

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