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15 de abril del 2021

Opinión

¡Mira a tu rey, que viene a ti, humilde…!

Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez. VI Domingo de Cuaresma. Domingo de Ramos. 2 de abril de 2017 – Ciclo A. El Domingo de Ramos. El Domingo de Ramos en la Pasión del Señor es la apertura de la Semana Santa. Tiempo litúrgico fuerte, rico en contenido y en intensidad del año cristiano. En ella […]




Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez.
VI Domingo de Cuaresma. Domingo de Ramos. 2 de abril de 2017 - Ciclo A. El Domingo de Ramos. El Domingo de Ramos en la Pasión del Señor es la apertura de la Semana Santa. Tiempo litúrgico fuerte, rico en contenido y en intensidad del año cristiano. En ella celebramos la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo, introduciéndonos en el misterio central de nuestra fe cristiana: la  Resurrección Con el rito de la bendición y procesión de Ramos revivimos la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén, que contrasta con la lectura de la Pasión de nuestro Señor en el evangelio de este día. Al contraponer estos dos momentos de la vida del Señor, triunfo y humillación, se establece una antítesis, más aparente que real, pues son los aspectos complementarios de la misma realidad.
El Mesías de la entrada en Jerusalén es menos triunfalista y está más cerca del Cristo de la Pasión de lo que puede parecer a primera vista. Sería incurrir en una confusión sobre el mesianismo de Jesús, como sucedió a la gente y a los mismos apóstoles, el calificar de triunfal una entrada que de hecho fue mesiánica, es decir, humilde y no con poder político; de servicio y no de dominio; de paz y oferta de salvación de Dios para la ciudad incrédula y no de triunfalismo sobre los adversarios de Jesús que Él bien conocía. Se pueden hacer dos lecturas del mismo hecho, como sucedió en realidad: Mesianismo triunfalista y político, acorde con las esperanzas judías. Fue la actitud del pueblo y de los mismos discípulos de Jesús. Y Mesianismo religioso y espiritual. Fue la actitud de Jesús quien, consciente de su condición de Servidor tanto del Padre como de los hermanos, camina entre aclamaciones de realeza mesiánica hacia su Pasión. Así que la entrada en Jerusalén es el primer paso, una proclamación anticipada de su glorificación definitiva por el Padre mediante su Resurrección de la muerte y del sepulcro. En aquel momento, los discípulos, guiados por las apariencias y sus ambiciones personales, no captaron esta segunda perspectiva. a) Del libro del profeta Isaías 50, 4-7. En este pasaje contemplamos la misión profética del Siervo doliente, que tiene lengua de discípulo, de receptor y transmisor de la enseñanza revelada, con la palabra que ha recibido, que es fuerza de Yahveh, sostiene al cansado, al Israel histórico y desilusionado. Con la bella imagen del despertar mañanero a la voz de Yahveh, “cada mañana me espabila el oído”, sugiere en nosotros el misterioso contenido de la revelación. Desterrado y lleno de vejaciones, azotado, escupido y abofeteado, realidades simbólicas de todos los escarnios y humillaciones, supo obedecer al Señor, supo aguantar. Los evangelios sinópticos dependen de este pasaje al pintarnos la situación de Jesús ante Pilato. Siempre se ha identificado al Siervo con el “Resto” de Israel, el que históricamente sufrió horrores, pero no hay duda de que el texto tiene una referencia clara y directa a Jesús, y con Él a cuantos completan lo que falta a la pasión de Cristo, como dice San Pablo. Es posible que el mismo Isaías se sintiera identificado con el Siervo, quien, a pesar de todas las dificultades, sufrimientos y desprecios, supo confiar incondicionalmente en Yahveh, “el Señor me ayudaÖ por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado”. Por otra parte, la primera generación cristiana reconoció a Jesús en los pasajes del Siervo de Yahveh. Su mensaje ofrece a los hombres una esperanza capaz de curarlos de la desesperación más profunda. En este pasaje del tercer cántico del Siervo hay bellas enseñanzas: solidaridad con los hermanos abatidos para alentarlos; docilidad para escuchar al Señor; obediencia y sumisión para realizar la misión recibida; confianza y paciencia ante las penalidades y la incomprensión. b) De la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 2, 6-11. La ciudad lleva el nombre de Filipos, en honor al padre de Alejandro Magno, primera ciudad de la provincia de Macedonia, Colonia romana con derecho de ciudadanía. Ésta fue la primera ciudad europea visitada y evangelizada por Pablo y Silas (Hech. 16). Allí una mujer de buena posición, llamada Lidia, comerciante de púrpura en Tiatira, fue la primera “europea” convertida al Evangelio por la palabra del Apóstol. La Carta a los Filipenses fue escrita durante un arresto en Roma, para agradecer a los filipenses la ayuda que le habían enviado en varias ocasiones, sin renunciar a su oficio de animar y exhortar a perseverar, vivir en armonía, ser humildes y obedientes siguiendo el ejemplo de Cristo. c) Del Evangelio de San Mateo 26, 14;27, 66. En el relato de la pasión de Nuestro Señor, San Mateo pone de relieve dos cosas: la grandeza de Jesús ante la perfidia de sus acusadores, y el motivo por el cual sufrió todas esas afrentas: lo hizo porque Él es el Siervo doliente, anunciado por los profetas, que cargó sobre sí nuestros pecados. La pasión de Cristo es el momento de su vida más minuciosamente narrado por los cuatro evangelistas. No es de extrañar porque constituye el punto culminante de su existencia humana y de la obra de la Redención, en cuanto que es el sacrificio expiatorio que Él mismo ofrece a Dios Padre por nuestros pecados. A su vez, los sufrimientos tan tremendos de Nuestro Señor ponen de relieve, de la manera más expresiva, su amor a todos y cada uno de nosotros: ´En la pasión de Cristo encontramos remedio para todos los males en los que incurrimos por nuestros pecados. Pero no es menor su utilidad como ejemplo, pues la pasión de Cristo es suficiente para dar forma perfecta a la vida cristiana. Quien desee alcanzar la perfección no tiene sino despreciar lo que Cristo despreció en la cruz y apetecer lo que Él apeteció. En la cruz se dan ejemplos de todas las virtudes. Si buscas un ejemplo de amor: nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Esto es lo que hizo Cristo en la cruz. Y, por esto, si Él entregó su vida por nosotros, no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por Él. (...) Si buscas un ejemplo de humildad, mira al crucificado: Él, que era Dios, quiso ser juzgado bajo el poder de Poncio Pilato y morir. Si buscas un ejemplo de obediencia, imita a Aquel que se hizo obediente al Padre hasta la muerte: si por la desobediencia de uno óes decir, de Adánó todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justosª (Sto. Tomás de Aquino, Expositio in Credum 4,919).
La meditación de la pasión del Señor ha hecho muchos santos en la historia de la Iglesia. Pocas cosas hay más provechosas para un cristiano que contemplar despacio, con piedad y con asombro, los acontecimientos salvadores de la muerte del Hijo de Dios hecho hombre, para eso tenemos toda esta semana. Fuente: Luis Alonso Schˆkel: La Biblia de Nuestro Pueblo. B. Caballero: En las Fuentes de la Palabra.

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