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07 de mayo del 2021

Opinión

Miremos también a Haití

Rafael Alvarez de los Santos. En estos días nosotros y el resto del mundo hemos puesto la mirada en la crisis sociopolítica de Chile, pero es importante que también miremos a Haití pues la situación de este país nos toca mucho más de cerca por sus repercusiones y haré una breve radiografía de lo que […]




Rafael Alvarez de los Santos.

En estos días nosotros y el resto del mundo hemos puesto la mirada en la crisis sociopolítica de Chile, pero es importante que también miremos a Haití pues la situación de este país nos toca mucho más de cerca por sus repercusiones y haré una breve radiografía de lo que sucede y la gravedad del asunto.

En Haití hay una insurrección popular que lleva seis semanas, el país está bloqueado por todas partes y la gente está pidiendo dos cosas: la primera es la renuncia del Presidente de la República y la segunda es la revisión de la estructura del estado para que esté al servicio del país y no de élites económicas.

Los haitianos entienden que en su país existe un estado privatizado que funciona en favor de grupos económicos poderosos y no del pueblo empobrecido. No tienen dinero para nada y llevan meses sin pagarle a los funcionarios, a la policía, los profesores llevan unos tres años que no se les pagan de forma regular. Todo está paralizado inclusive las clases que debieron iniciar en septiembre.

De un lado la gente ve una degradación terrible de sus condiciones de vida y en otro extremo se ven personas que muy rápido se convierten en ricos, viven en condiciones de lujo y el pueblo ha dicho que no aceptará más eso. También el presidente se ha visto envuelto en casos de corrupción.

Los bloqueos tienen muchas consecuencias sobre la vida de la población más pobre. Los campesinos no pueden llevar al mercado sus productos. Los que organizan los movimientos a veces dejan pasar algunos camiones, pero en realidad la situación es desesperante y crea incertidumbre.

Esta situación también ha generado una subida de todos los alimentos y cada día se suman diferentes sectores a las luchas, de hecho la semana pasada también las iglesias cristianas pidieron al presidente que escuche la voz del pueblo y ponga sobre la mesa su renuncia, pero él se niega mientras la oposición insiste en que debe renunciar lo que impide que se pueda realizar un diálogo que inicie la reforma anhelada.

Para la próxima semana se anuncian más bloqueos, en este momento no hay gobierno pues desde abril no hay oficialmente un Primer Ministro pues el parlamento ha revocado toda propuesta y el Presidente no ha podido hacer votar uno nuevo, función que en este momento es ocupada por un ministro a quien se le encargó la función por un mes y ha seguido hasta la fecha.

El presidente formó una comisión para dialogar, pero cuatro de sus miembros renunciaron a los pocos días y él ha radicalizado su posición de no renunciar. Hasta el momento nadie está mediando en esa crisis y eso agrava la situación.

El presidente dice que detrás de esos grupos en protestas existen poderes económicos que los financian y ha decidido enfrentarlos en vez de armonizar.

Acusa a un empresario muy poderoso que  financió su campaña, pero ahora formó un movimiento llamado la Tercera Voz y el presidente piensa que él y otros empresarios están detrás de ese movimiento en su contra y como una manera de castigarlos le quitó algunas contratas que tenían con el Estado y el pueblo entiende que hacer eso en medio de un conflicto es una tozudez.

Mientras tanto el problema sigue y según este panorama no se observa ninguna salida. La policía ha matado a más de sesenta personas de balazos en la cabeza y son muchos los heridos.

Haití siempre ha sido una bomba de tiempo, mientras nosotros estamos atrapados en la lucha de egos de dos líderes que no merecen nuestra atención, pero que han sabido entretenernos hasta el hastío sin permitirnos también mirar hacia Haití.

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