República Digital - Indotel Anuncio

29 de noviembre del 2020

Mundiales

75 años de los Juicios de Núremberg: término al crimen nazi, inicio de la Justicia global

 B.I. Sanders / AP Sobre esta imagen de archivo del 20 de noviembre de 1945, la policía militar hace fila en esta primera audiencia en Núremberg. En primer plano, los acusados alemanes con su abogado colectivo sentado delante de ellos. Numerosos altos cargos capturados, más de 6.600 pruebas y 330.000 testimonios. Todo ello estuvo contenido hace […]




 B.I. Sanders / AP Sobre esta imagen de archivo del 20 de noviembre de 1945, la policía militar hace fila en esta primera audiencia en Núremberg. En primer plano, los acusados alemanes con su abogado colectivo sentado delante de ellos. Numerosos altos cargos capturados, más de 6.600 pruebas y 330.000 testimonios. Todo ello estuvo contenido hace 75 años en el inicio de este macrojuicio contra el régimen nazi y sus crímenes durante la Segunda Guerra Mundial. El proceso, que finalizó el 1 de octubre de 1946, tuvo en vilo a todo el mundo, que vio desde penas de muerte hasta absoluciones. Así fue el nacimiento de lo que hoy llamamos Justicia internacional. A las 10:03 a.m. de un 20 de noviembre de hace 75 años, acontecía en la ciudad alemana de Núremberg uno de los juicios más importantes de la historia de la humanidad, sobre el que hoy solo puede hablar con propiedad el abogado norteamericano de origen húngaro Benjamin Ferencz. Este noviembre tiene 100 años, pero en aquel de 1945, antes de ser el último de los fiscales supervivientes, era un joven soldado estadounidense que con 25, y a punto de presenciar los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, le solicitaron recopilar pruebas sobre los crímenes cometidos por la Alemania del dictador Adolf Hitler. Ferencz, que en la actualidad sabe que "son muy pocas las personas que han visto lo que yo he visto", tuvo que entrar en campos de concentración. En varios de ellos puso cara al dolor y a la liberación. Sin embargo, en otros, vio cadáveres en el suelo y a prisioneros haciendo largas filas para ser cremados en la hora final del nazismo. Por lo que vieron sus ojos de investigador, fiscales internacionales –después de la captura de los líderes del Tercer Reich, en la Operación Mondorf– dirigieron lo que hoy recordamos como los Juicios o Procesos de Núremberg: un macrojuicio contra los responsables de dichos crímenes, que comenzó de forma pública esa jornada del martes 20, pero no culminó sino hasta el 1 de octubre de 1946, casi un año después. Esto en un escenario cargado de fuerza como la que tenía el Palacio de Justicia de Núremberg, que llegó a ser el lugar donde el partido nazi concentró a más público en sus mítines y el lugar en el que se autorizaron las Leyes Raciales contra los judíos en 1935.
"La verdadera parte acusadora es la civilización" Si los tribunales militares duraron tanto es porque fueron insólitos, juzgaban hechos de gravedad y fueron impulsados por los países aliados vencedores de la Segunda Guerra Mundial, que la propia historia se ha encargado de mostrar que casi nunca este tipo de unión internacional conlleva consenso; tampoco para un juicio así. En lo organizativo, estas naciones llevaban desde 1943 pensando en cómo juzgar a los criminales de guerra alemanes. Y funcionó, porque en seis meses inspectores del perfil de Ferencz lograron reunir 300.000 testimonios y 6.600 pruebas archivadas en 42 volúmenes, que sirvieron a los cuatro fiscales titulares en representación de cada potencia erigida ganadora (EE. UU., Reino Unido, Francia y la Unión Soviética). Con ello, los señalados debían responder a complot, crímenes de guerra, crímenes contra la paz y, por primera vez, crímenes contra la humanidad, definidos como "el asesinato, la exterminación, la reducción a la esclavitud, la deportación y todo otro acto inhumano cometido contra población civil, antes o durante la guerra, o bien a partir de persecuciones por motivos políticos, raciales y religiosos". En la primera sesión, los acusados, principalmente altos cargos del régimen nazi, se sentaron en el banquillo. Por su parte, el coronel y allí secretario del tribunal Charles May, gritó "¡atención, la Corte!", mientras que solo el abogado de toda la defensa, Otto Stahmer, pudo hablar en su derecho de frenar el proceso, que argumentó apelando a que los crímenes que se iban a juzgar no estaban tipificados antes de cometerse. Su petición fue rechazada por los jueces, y al día siguiente el tribunal prosiguió con la comparecencia de los líderes nacionalsocialistas, que se declararon inocentes o, con mayor fidelidad, "nicht schuldig" ("no culpables"). De ese 21 de noviembre, en la Sala 600 –hoy llamada 'Memorium Nürnberger Prozesse'– surgió el discurso del fiscal jefe de la Corte, Robert H. Jackson. No solo declaró que "la civilización no podría sobrevivir si tuviera que enfrentarse a un nuevo conflicto de esta magnitud", sino que afirmó el célebre "la verdadera parte acusadora es la civilización". Esta ignoraba entonces lo ocurrido. Pero la proyección de una cinta filmada por los aliados reveló la magnitud real de los crímenes del Tercer Reich, dando una nueva dimensión al macrojuicio. Incluso para los acusados, según el psicólogo de la cárcel de Núremberg, el estadounidense Gustave M. Gilbert, cuya tarea era observar a los líderes nazis durante el proceso. Este llegó a escribir en su diario lo siguiente: "Fritz Sauckel se estremeció al ver el crematorio de Buchenwald. Al mostrar a Julius Streicher una pantalla de lámpara, hecha con piel humana, dijo: 'No puedo creerlo'. Wilhelm Frick niega con la cabeza, con expresión incrédula, cuando una doctora le describe el trato y las vivencias infligidas a los presos de Belsen". Pero había pruebas vivientes. Una de ellas, entre 33 testigos de la acusación, fue la resistente francesa Marie-Claude Vaillant-Couturier, superviviente de los campos de  Auschwitz-Birkenau y Ravensbrück, que en dos horas llegó a relatar que a los hijos de las mujeres que acababan de dar a luz se los ahogaba, que a los prisioneros se los convocaba a las 3:00 a.m. y que antes de ducharse debían beber agua de los charcos. "Antes de tomar la palabra en la Corte, pasé delante de los acusados –entre ellos el director del programa de esclavitud, Fritz Sauckel; el jefe del periódico antisemita 'Der Stürmer', Julius Streicher; o el también citado ministro del Interior Wilhelm Frick–. Quería mirarlos de cerca. Me preguntaba a qué podían parecerse estas personas capaces de crímenes tan monstruosos", dijo Vaillant-Couturier a L'Humanité. Casi un año de juicios militares que dejaron en vilo al mundo Así, durante casi un año, sobre todo en noviembre y diciembre, fueron sucediendo unos juicios no exentos de esa mencionada discrepancia entre los países involucrados. Al inicio, por ejemplo, esta costó errores de interpretación del Memorándum Hossbach, que probaría que Hitler expresó su voluntad de un "espacio vital" para los alemanes con intenciones de agresión, lo que benefició a la defensa acusada. Tanto esta como las naciones acusadoras tuvieron desaciertos, incluso para juzgar a las víctimas, ya que los soviéticos sentían que ellos eran los perjudicados y no los judíos; o en cuanto al tratamiento de los crímenes contra la humanidad, sobre el que tampoco estaba de acuerdo Rusia, originando que el propio proceso fuera en sí criticable por la gran imposición de los vencedores y su sombra, como la masacre de Katyn, ejercida de soviéticos hacia polacos. Pese a todo ello, y tras todas las acusaciones y defensas particulares, los juicios se dieron por terminados en octubre de 1946 con la lectura del veredicto y su siguiente traducción en cuatro idiomas (alemán, inglés, ruso y francés). El Proceso supuso 12 condenas de muerte –una en ausencia para el secretario Martin Bormann, que se ignoraba que había fallecido en mayo del 45 y había estado al servicio de Hitler–, tres penas de prisión de por vida, dos condenas de 20 años de cárcel, una de 15 años y otra finalmente de 10 años. Solo tres de los acusados escaparon del encierro, en unas absoluciones que incluso en la época sorprendieron y los investigadores del juicio alegaron que solo querían ser "justos"; mientras que el 16 de octubre de 1946, a la 1:00 a.m., diez de los condenados fueron ahorcados (no cuenta la ausencia y el suicidio de Hermann Göring en la víspera, que se mató con cianuro en su habitación, al considerar que la horca era indigna para un soldado). Si entonces se incineraron los cuerpos para evitar que la gente pudiera honrarlos, el propio Proceso de Núremberg se convirtió en un mensaje en sí mismo. Además de este protagonizó otros 12 procesos contra responsables nazis, esta vez contra los doctores, y otros ministros y militares. Y, por supuesto, marcó el inicio de una Justicia internacional, que luego derivó en juicios como el del genocidio de Rwanda y la creación de la Corte Penal en La Haya, de la que Ferencz hizo campaña. Entonces pesó no juzgar a los verdaderos arquitectos del Holocausto, Adolf Hitler, Joseph Goebbels, Heinrich Himmler y Reinhard Heydrich, ya muertos, o los huidos como Adolf Eichmann, Martin Bormann y Joseph Mengele. Pero 75 años más tarde lo presenciado en Núremberg, aún en pandemia de Covid-19, sigue siendo motivo de conmemoración, especialmente en esa sala de la audiencia, la Sala 600, y aún más en la memoria del último testigo de aquello, el centenario Benjamin Ferencz. Con AFP y EFE

Noticias destacadas