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12 de abril del 2021

Economía

¿Nace o ya existe la Historia Económica en la Academia Dominicana?

El pasado martes 19 de Febrero del año de Dios 2019, en uno de los salones de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, en su campus Santo Tomás de Aquino, la Academia de Ciencias de la República Dominicana puso en circulación el número #9 de su Revista Dominicana de Economía, dedicada a la Historia […]




El pasado martes 19 de Febrero del año de Dios 2019, en uno de los salones de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, en su campus Santo Tomás de Aquino, la Academia de Ciencias de la República Dominicana puso en circulación el número #9 de su Revista Dominicana de Economía, dedicada a la Historia Económica de esta media isla, abarcando a partir del siglo XVII hasta el año 2000. Un documento precursor que debe ser lectura obligatoria de los estudiantes de la “ciencia lúgubre” (como se conoce a la disciplina económica). Es un esfuerzo loable, pero quisiera dar el antecedente que la naciente Escuela “clásica” iniciada por Adam Smith en el siglo XVII, más precisamente en 1776, tuvo como contrincante a la Escuela “historicista alemana”, dividiéndose la disciplina en dos corrientes: la ortodoxa ‘cubriendo a la clásica, neoclásica, hasta el keynesianismo y la heterodoxa que se decanta por diferentes subescuelas que van desde el marxismo heredero de los historicistas pero enganchado a la metodología de análisis neoclásica de David Ricardo. Uno de los principios ampliamente aceptados por la escuela neoclásica es “la racionalidad de los agentes económicos.”De hecho, para algunos economistas la noción del comportamiento racional maximizador es sinónimo de comportamiento económico. Cuando los estudios de algunos economistas no incluyen el principio de racionalidad, son vistos como análisis que se encuentran fuera de los límites de la disciplina neoclásica. La economía neoclásica presupone que los agentes son “racionales” y buscan “maximizar su utilidad individual” (o ganancias) sujetas a limitaciones ambientales. A partir de esta noción los economistas neoclásicos derivan sus funciones de la oferta y la demanda, las cuales bajo ciertas condiciones conllevarán al equilibrio del mercado. Bajo condiciones estrictas, este equilibrio será “Pareto eficiente” (un economicismo que recibe su nombre a partir del economista italiano Vilfredo Pareto, quien utilizó este concepto en sus estudios sobre eficiencia económica y distribución de la renta). La economía heterodoxa rechaza estas nociones fundamentales bajo las cuales ha sido construida la economía neoclásica. Se caracteriza por: 1. Rechazo de la concepción atomista individual en favor de una concepción de individuo socialmente inmerso; 2. Énfasis en el tiempo como un proceso histórico irreversible; 3. Razonamiento en término de influencias mutuas entre individuos y las estructuras sociales. Las subescuelas heterodoxas, sin muchas conexiones entre ellas, pero que renuevan la relevancia de la economía más allá de lo estrictamente económico, y que podemos citar son las siguientes: Escuela austríaca, Socioeconómica , Economía de la Complejidad, Economía Feminista, Economía Binaria, Economía marxista, Economía socialista, Economía pos keynesiana, Bioeconomía, Economía Ecológica, Neuroeconomía, Economía Evolucionista, Economía Institucionalista, Nueva Economía Institucional. ¡Un verdadero caos! Pero no pretendo profundizar el caos. Mi interés en la Historia Económica como disciplina que ha evolucionado y que desarrollaré en dos ejemplos desde el pensamiento económico. Me refiero, a partir de la teorética marxista, elaboraron toda una época enmarcada en la llamada “Edad Media”, representada por la magna obra de Fernand Braudel que, luego de una investigación en todas las fuentes alrededor de la cuenca del Mediterráneo, historió los tiempos del Rey Felipe II de Francia, pre-visualizando el ideal de una “Historia Total”. Otro ejemplo del rigor de la obra de inspiración marxista, apegada a la objetividad de las fuentes es E.J. Hobsbawn y su clásica trilogía sobre el desarrollo del capitalismo primigenio en términos históricos: La era de la revolución, La era del capital y la era del imperio, además la soberbia Historia del Siglo XX, todas publicadas por Editorial Crítica. En el otro extremo, tenemos la creación en el mundo sajón-estadounidense, de la “cliométrica”, a veces llamada “Nueva historia social” o “historia econométrica”, ya que trata de la aplicación de la teoría económica, las técnicas econométricas u otros métodos formales o matemáticos al estudio de la historia. Una especie de extender la fiebre cuantitativa llevada al pasado. La “nueva historia económica” se originó en 1958 con la obra de Alfred Conrad y John R. Meyer, “The Economics of Slavery in the Antebellum South”, que enganchó a la crítica y sociedad académica por su pretensión de probar el beneficio del esclavismo para la economía sureña estadounidense. La divulgación de este enfoque económico de la historia se produjo cuando cliometristas, William North y William Parker asumieron la responsabilidad editorial de la “Journal of Economics History”. De igual forma, España reporta una escuela cliométrica en ese ambiente académico.El punto culminante sucedió cuando el Premio Nobel en Economía le fue otorgado a los economistas cliométricos Robert William Fogel y Douglass Cecil North porque “han renovado la investigación en la historia económica”. Otro personaje de la cliometría, es mi profesor de Chicago, Deirdre McCloskey(entonces Donald) con sus estudios de la historia económica británica. El aporte de los historiadores no-economistas contribuyentes del número monográfico #9 de la Revista Dominicana de Economía, hacen unos interesantes aportes desde la visión de la historia. Me remito, con esta discusión, a la pregunta inicial: ¿Nace o ya existe la historia económica en la República Dominicana? Lo que trato de señalar la falencia de la puesta al día o “aggiornamiento” de la teoría dinámica que explica la actividad económica en el tiempo y no solo el marxismo decimonónico sin crítica ni temporalidad. Por: MIGUEL SANG BEN.

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