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19 de abril del 2021

Opinión

Ni finca de prosélitos, ni vivero de candidaturas

Raúl Pérez Peña (BACHO). Todo conocedor del acontecer interno de la Marcha Verde sabe los múltiples temas que provocan actitudes opuestas en ese conglomerado plural. Varios amigos de asistencia sistemática hablamos sobre esa peculiar característica, a consenso y a conciencia de la mayoritaria opinión de apuntar contra la corrupción y la impunidad que matizan las […]




Raúl Pérez Peña (BACHO).
Todo conocedor del acontecer interno de la Marcha Verde sabe los múltiples temas que provocan actitudes opuestas en ese conglomerado plural. Varios amigos de asistencia sistemática hablamos sobre esa peculiar característica, a consenso y a conciencia de la mayoritaria opinión de apuntar contra la corrupción y la impunidad que matizan las gestiones moradas, sin exonerar de culpas a la partidocracia. Lea algunos de los temas actuales que no han pasado por la agenda: Haití y los haitianos; el aborto; Cuba; Estados Unidos y su gobierno; la USAID, servidora de recursos vía “ONGs”; los radicales con vehemencia personal. Venezuela y su diálogo (sin hablar de una oposición cobijada por su bateador designado, Donald Trump). Si dentro de la Marcha Verde se registra ese fenómeno plural, desde fuera las visiones e interpretaciones se multiplican. No faltaron empresarios orgánicos que se “guayaron” al tirar con escopetas a blancos imaginarios respecto al “soporte fi nanciero” de esta Marcha Verde. Es curioso que, según sus “fuentes”, supuestos suplidores del dinero, “le sacaron los pies” al movimiento. Otros dicen de “juro a Dios” que a la Marcha Verde la fi nancian desde tal o cual litoral, citando a la USAID. Se suman quienes saben “de fuente segura” que Marcha Verde se convertirá en partido político para los comicios del 2020. Respecto a la manifestación del 28 de enero frente al Palacio, el orfeón de bocinas disparató disparando juicios fallidos y fuegos artifi ciales. Personas distantes de la Marcha Verde “aseguran” nombres de alegados candidatos presidenciales. Por dentro, no se ocultan aspiraciones que reciclarían contaminadas experiencias del Poder Ciudadano, utilizado como trampolín para encaramarse en una de las cámaras o en ciertos ayuntamientos. A un sabichoso “se le peló el billete”, aunque le dieron “un premio de consolación” en la ofi cina política de un diputado. Esa experiencia advierte que la Marcha Verde no puede ser fi nca de prosélitos ni vivero de candidatura. ¿El destino de la Marcha Verde? Vuelvo... “después de la pausa”.

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