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07 de mayo del 2021

Política

No a la impunidad

La falta de un régimen de consecuencias nos ha conducido al caos social, político y económico. No hay respeto por las leyes o normas. La costumbre de “dejar hacer y dejar pasar” se ha convertido en ley, de tal manera que nadie quiere cumplir sus obligaciones ciudadanas. Así como no respetamos las señales de tránsito, […]




La falta de un régimen de consecuencias nos ha conducido al caos social, político y económico. No hay respeto por las leyes o normas. La costumbre de “dejar hacer y dejar pasar” se ha convertido en ley, de tal manera que nadie quiere cumplir sus obligaciones ciudadanas.

Así como no respetamos las señales de tránsito, las luces de los semáforos, los policías en las vías, tampoco queremos estar al día en el cumplimiento de los procedimientos de ley. Este país es un desorden de arriba hacia abajo.

Hasta que no hagamos una revolución cultural, que la gente (toda) pague las consecuencias de sus errores o inconductas, (violación de las leyes) no avanzaremos. Seguiremos en un circulo vicioso que no nos permitirá superar los escollos del subdesarrollo. Si queremos cambiar la sociedad debemos comenzar con nosotros mismos, pensar y actuar como ciudadanos, no como individuos.

La corrupción ha sido una constante desde antes de ser país, es decir, antes de fundar la República. Digamos que es un mal endémico, una enfermedad que la arrastramos por siglos. La impunidad ha primado siempre. Dictadores van, dictadores vienen, déspotas van, déspotas vienen, gobiernos van, gobiernos vienen, sin que nadie haya decidido detener el saqueo de los bienes públicos. Al contrario.

Trujillo era ambicioso, ladrón y asesino. Convirtió el país en su finca, a los hombres y mujeres en súbditos por más de 30 años. Muerto el sátrapa (bien muerto y bien matado) su impronta ha sido imperecedera, como una espada de Damocles. Los Trujillistas no fueron aniquilados. Grave error, el trujillismo, como ideología, como cultura, siguió vivo hasta nuestros días. “Destrujillizar” el país debió ser la primera tarea en 1961, pero no se hizo. Hemos pagado muy caro el no cumplimiento de ese propósito. 60 años después Trujillo sigue vivo.

Los gobiernos más corruptos de la historia dominicana han sido los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana. Si bien los anteriores habían sido corruptos en mayor o menos medida, ninguno como los que encabezó el PLD.

Rompieron el “robómetro”, el “corruptrometro”. Llegaron en chancletas y salieron en jeepetas, luego en helicópteros y hasta en aviones. Se les fue la mano creyendo que nunca se irían del poder, y qué, en cualquier caso, la impunidad los protegería de todo mal, como ha ocurrido siempre. No creyeron que la justicia los alcanzaría. Tenían razón al pensar así. Es la costumbre. Y la costumbre hace ley.

Sin embargo, el presidente Luís Abinader, hijo de un hombre honrado como don José Rafael, ministro de finanzas del gobierno constitucionalista de Francisco Caamaño, (hay que recordarlo) quiere romper la tradición, terminar con la cultura del robo, la corrupción, la impunidad y sanear el Estado.

Por: Juan Taveras Hernández

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