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19 de abril del 2021

Opinión

No, no me lo trago

Por: SERGIO FORCADELL. Es un hecho bien conocido que las personas en general, y en especial los que vamos entrando en edad, nos resistimos a los cambios. Especialmente si tenemos que abandonar de súbito lo que se ha venido llamando últimamente «el espacio de confort» en el que nos desenvolvemos de manera cómoda y aceptada. Y sobre todo si ese espacio se ha mantenido durante un largo […]




Es un hecho bien conocido que las personas en general, y en especial los que vamos entrando en edad, nos resistimos a los cambios. Especialmente si tenemos que abandonar de súbito lo que se ha venido llamando últimamente "el espacio de confort" en el que nos desenvolvemos de manera cómoda y aceptada. Y sobre todo si ese espacio se ha mantenido durante un largo tiempo. Esto suele suceder con los eslóganes publicitarios o propagandísticos, o los símbolos comerciales, los logotipos, los imagotipos, los diseños y colores de productos, etc. Uno está acostumbrado a una línea gráfica, a una tipografía y su tamaño, a unos determinados dibujos y cuando se los altera por cualquier causa suele producirse con frecuencia una reticencia a las nuevas propuestas, en especial si estas son más diferentes y atrevidas. Y ahí comienzan las críticas leves o despiadadas del tipo "Me gustaba más la de antes", "Esta innovación no le veo nada en la bola", "Pero a quién se le ha ocurrido este toyo", y otras formas de rechazo. No obstante, con un poco de tiempo e insistencia uno acaba por aceptarlas y olvidar las antiguas y se crea una nueva zona de confort … y así hasta la próxima modificación. Pero tengo que reconocer que en mi caso particular, muy particular, muy particular,  y sobre la llamada Marca País que este nuevo Gobierno se ha estrenado con tanta polémica desde su inicio, resulta que cuando oigo el lema de la "República del Mundo" no hay manera que pueda tragarlo, y aún menos digerirlo, y comienzo  entrar en una nueva zona…pero de total "inconfort". La encuentro prepotente, chulesca, super exagerada y hasta mitómana. Ya he dicho tres veces y con esta la cuarta, que es mi particular opinión. Primero, no logro entender que se me propone o me quieren decir con eso de ser la república del mundo ¿Acaso somos tan perfectamente republicanos que podemos ser un ejemplo para el resto de los países del mundo? Eso lo podrán decir los franceses, que cortando de un solo tajo con la monarquía en 1799, iniciaron la república con aquello tan conocido de Libertad, Igualdad y Fraternidad, que proclamaron los lineamientos de un nuevo mundo más libre que influyó en multitud de países para establecer regímenes más democráticos en favor de los más explotados y desposeídos. Pero nosotros con los periodos republicanos invadidos, atropellados,  derrocados a base de golpes, o trampeados en elecciones, no creo que seamos el mejor ejemplo a difundir en esa materia. Y por si fuera poco, San Marino el músculo estado ubicado dentro de la península italiana tiene como eslogan "La primera república del mundo", que es una verdad histórica reconocida. Segundo, no hay manera de que ese eslogan me lo pueda creer, y me parece que no soy el único en este patio. En qué cosas somos república del mundo para presumir a tan elevados niveles ¿En política? ¿En agropecuaria? ¿En tecnología punta? ¿En cultura? ¿En descubrimientos termonucleares? ¿En investigaciones farmacéuticas? ¿En ciencias aeroespaciales? Seamos más serios con nosotros mismos y sobre todo humildes, somos lo que somos, tenemos lo que tenemos, y debemos aceptarlo con satisfacción y hasta estar muy contentos de ello. No por ser humilde se es menos digno. Por otro lado, me imagino a un alemán, un sueco, o un canadiense, lo que pensará cuando le digan que somos la república del mundo y entren no a los resorts que son espejismos de paraísos artificiales creados exclusivamente para el deleite turístico, sino a la realidad  dominicana de cada día. Al infernal y peligroso tránsito de calles y carreteras, a la inseguridad, a la más de la mitad de los ciudadanos lidiando con la pobreza, a la falta de agua y energía de grandes sectores de la población, a la rampante corrupción sistémica de nuestra política, y tantas otras falencias que nos gastamos. Todo esto suena bastante apocalíptico pero así es nuestra vida republicana, una lucha constante contra muchas  adversidades. Y si alguien lo pone en duda que se asome al exterior de su cómoda residencia u oficina y lo compruebe por sí mismo. Creo que la República Dominicana tiene en cambio un enorme potencial en su gente, la proverbial hospitalidad que coge un "fiao" en el colmado para agasajar aunque sea con un simple refresco al visitante, conocido o no. De su simpatía al hablar o reír luciendo la más amplia y sincera sonrisa, de su cariño al decirle a un cliente¨ mi amor, en qué te puedo servir¨, de su alegría desbordante expresada en fiestas, "juntaderas" y bailes, de sus inmensas ganas de luchar para lograr una mejor vida aun a riesgo de una frágil yola, y mil otras virtudes humanas que nos hacen un pueblo único, con una identidad propia y muy diferenciada del resto del planeta. También que este es un país que como decía aquel eslogan de aquel malhadado banco, tiene todas las posibilidades. Y si no todas, muchas, muchísimas, para los locales con espíritu emprendedor y para los que vengan de fuera con ganas de hacer las cosas bien hechas y por el librito. Para hacer empresas tecnológicas, para exportar, para sembrar y cosechar en grande, para producir energías renovables, para ofrecer servicios especializados, y hasta para fabricar forlayos cósmicos reticulados, que no existen, pero los dominicanos somos capaces de inventarlos y mucho más… aquí en esta tierra en la órbita del sol están las mil y una oportunidades para trabajarlas, para producir, para progresar. Tal vez por la parte humana y por su multi potencialidad pudiera haberse enfocado mucho mejor la marca país. Esos temas sí son verdaderos, creíbles dentro y "comprables" fuera. Volviendo a lo de la Marca País, creo que todos los años que dure y por miles o millones de veces que la oiga, me pasará lo que al principio dije del eslogan: No, no me lo trago, y también -por quinta y machacona vez- de que es mi caso particular. Muy particular… ¡y van seis!

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