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19 de abril del 2021

Opinión

No solo de pan y circo vive la gente

Por: Teófilo Quico Tabar  . Analizando la situación del país y lo que ha venido ocurriendo durante mucho tiempo, amigos con los cuales converso frecuentemente, trajeron a colación el tema de aquella vieja frase o expresión: Pan y Circo, lo que me impulsó a recordar o más bien transcribir algunos trozos escritos al respecto. La […]




Por: Teófilo Quico Tabar  . Analizando la situación del país y lo que ha venido ocurriendo durante mucho tiempo, amigos con los cuales converso frecuentemente, trajeron a colación el tema de aquella vieja frase o expresión: Pan y Circo, lo que me impulsó a recordar o más bien transcribir algunos trozos escritos al respecto. La frase proviene del latín (panem et circenses), que se encuentra en las Sátiras de Juvenal, uno de los más grandes poetas de la sátira latina, quien en su crítica a la corrupción y decadencia del imperio Romano, sostenía que “el pan y el circo eran los deseos más fervientes de un pueblo criado en el vicio y la corrupción”. Dicha frase fue reproducida más tarde, en términos parecidos y el mismo sentido, por el gobernante y poeta florentino Lorenzo de Médicis: “pane e feste tengono il popolo quieto”, que no necesita traducción. Como se sabe, los circos romanos eran lugares destinados a la celebración de espectáculos para entretener la multitud. Se calcula que había 15 circos. Tenían la arena o la palestra, que era la pista en la que actuaban los protagonistas del espectáculo. Con gigantescas graderías adornadas para los espectadores. En ellos se realizaban las carreras de caballos y carros, lucha entre gladiadores o entre éstos y animales salvajes, competencias entre atletas, peleas, piruetas de los acróbatas, simulacros militares, así como otros juegos para divertir a la multitud. En la época de los cristianos de las catacumbas, se realizaban en ellos, los espeluznantes espectáculos de arrojarlos para ser devorados por las fieras ante el frenesí de las masas. Se afirma que Augusto se alababa de haber hecho matar en los juegos del circo, cerca de tres mil quinientos animales. “Era una orgía de sangre y crueldad con la cual se desviaba la atención del pueblo para que no mirase la codicia, las riquezas, el lujo, la concupiscencia y la voluptuosidad de los emperadores y de sus cortesanos”. De aquellos acontecimientos surgió la expresión pan y circo con la que se quiere significar que, “a los pueblos hay que darles espectáculo y entretenimiento para que su atención no se pose en sus miserables condiciones de vida, ni en la corrupción o errores de los sectores de poder, públicos y privados, sino que se distraigan con las farsas que entretienen”. En la primera mitad del siglo XX, con sus despliegues de música, banderas y presentaciones marciales, los fascistas fueron maestros en el arte de la coreografía política, y en hacer de los actos políticos grandes espectáculos para entretener las masas. Pero el circo moderno es otra cosa. Una carpa es el escenario de espectáculos de acrobacia, equilibrismo, payasos, malabarismo, prestidigitación, exhibiciones de animales salvajes y otros actos para el entretenimiento de grandes y chicos. El primero de estos lo montó en 1768 un ex militar de la caballería inglesa. Luego surgieron otros grandes circos que le dieron la vuelta al mundo o visitan gran parte de este. O sea, que hay circos políticos y circos de diversión, pero ambos para entretener.

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