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14 de mayo del 2021

Opinión

Nos equivocamos

Luis Encarnación Pimentel. Hasta el día de las pasadas primarias del PLD, pensamos y sostuvimos desde aquí que, a pesar de las visibles diferencias políticas Danilo-Leonel y la idea acentuada de que la crisis en el partido de gobierno era insalvable, las amenazas de división y casi segura pérdida del poder llevarían a los dos […]




Luis Encarnación Pimentel.

Hasta el día de las pasadas primarias del PLD, pensamos y sostuvimos desde aquí que, a pesar de las visibles diferencias políticas Danilo-Leonel y la idea acentuada de que la crisis en el partido de gobierno era insalvable, las amenazas de división y casi segura pérdida del poder llevarían a los dos líderes al final a un acuerdo de alta política favorable a ambos. Partíamos de la creencia  -hoy falsa- de que Medina y Fernández, con tanto tiempo juntos en tareas y proyectos de partido y de gobiernos exitosos, se complementaban y se necesitaban. Se sabe -si no se es mezquino- que fue Balaguer quien hizo Presidente a Leonel y que fue este quien le franqueó el camino y le pasó la antorcha a Danilo. Sin esas dos intervenciones resueltas, otra fuera la historia y otros habrían sido los inquilinos del Palacio. La creencia inicial nuestra la fortalecía una respuesta en privado del hoy fundador de La Fuerza del Pueblo, en el sentido de que entre él y el jefe de Estado no había diferencias mayores o insalvables, y que, hasta ese momento, cuando uno quería hablar con el otro, simplemente lo llamaba. Pero también pudieron influir palabras hoy perdidas en el tiempo -de antología- de Medina, que proyectaban la idea de una hermandad profunda y de garantías de unidad política a largo plazo, cuando aún solo era un aspirante a llegar al poder en manos de Fernández: “Compañero Leonel, líder y presidente de nuestro partido… reconozco aquí, que el compañero Leonel trabajó en esta campaña más que en su propia campaña; a él le debo que se hubiese estructurado la unidad más solida que partido alguno haya exhibido en una campaña electoral; gracias por su entrega y dedicación a la conquista de esta victoria (dijo hace poco que nunca nadie le habían regalado nada, que no lo apoyaron ni en el 2000, ni en el 12 ni en el 16)”. Agregaba: “Aquí, en este momento, me comprometo a continuar y a mejorar su obra de gobierno. Sus esfuerzos por construir una economía próspera y un Estado moderno y democrático, juro aquí, que no se perderán. Compañero Leonel: estoy convencido que la historia honrará sus méritos como un gobernante que supo conducirnos en una de las etapas más difíciles del mundo contemporáneo”. Y entonces, ¿quién pisó raya prohibida? Nos equivocamos con la tesis de un arreglo final pro unidad (¿). Pero es que la política no es pura nada, como creyó Duarte, es solo interés, que mueve a mentiras, a olvidos, a golpes bajos y a ingratitudes (¿).

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