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20 de abril del 2021

Opinión

Operación antipulpo toca la puerta

Cuando el expresidente Danilo Medina Sánchez revela que el lunes 23 de noviembre César Prieto, exsuperintendente de Electricidad y exdirector del Plan Social de la Presidencia, le llamó para decirle que quería verlo y realizada la visita le dijera, según sus palabras dichas en el cementerio, que el motivo era “para agradecerme porque no le […]




Cuando el expresidente Danilo Medina Sánchez revela que el lunes 23 de noviembre César Prieto, exsuperintendente de Electricidad y exdirector del Plan Social de la Presidencia, le llamó para decirle que quería verlo y realizada la visita le dijera, según sus palabras dichas en el cementerio, que el motivo era “para agradecerme porque no le dio tiempo mientras fui presidente, por el hecho de haberlo tomado en cuenta para ser parte de su gobierno”. A lo que a seguida le contestara que “no tenía nada que agradecerme, porque se había ganado con creces cualquier posición dentro del gobierno.“Nos dice el Licdo. Medina Sánchez que César Prieto agrega que “más que nada me quería ver porque no quería que yo me sintiera avergonzado del él”. Sorprendido le responde: “¿Y por qué razón yo me tengo que sentir avergonzado de ti, Cesar?”- Porque, dice el interpelado, “estoy recibiendo cantidad de informaciones que me dicen que mi casa la van allanar y que me van a detener, acusándome de corrupto. Precisó”. Un diálogo sin testigos, supongo que no grabado, de todos modos me resulta muy extraño. Primero por el supuesto motivo de la visita: “No haber tenido tiempo para darle las gracias…” dado que el señor Prieto desempeñó su alto cargo por varios años resulta baladí la excusa de “no haber tenido tiempo” cinco meses después de terminado su mandato. Segundo: El expresidente, siempre magnánimo con los suyos, no le cuestiona, le tranquiliza. “Reconoce que él se había ganado con creces cualquier posición.” Ahora bien ¿Se fue complacido César Prieto con ese halago? Seguro que no. César tenía otras buenas razones para entrevistarse con su presidente. El verdadero motivo de su visita. No oculta su angustia. Busca en su amigo un consejo, un aliciente, alguna salida que alivie su tormento. Ese es su real propósito. Le dora la píldora: “No quería avergonzarlo” y sin mayores detalles le confiesa la causa de su desdicha: van allanar su casa, me van a detener acusándome de corrupto. ¿Se fue fortalecido su espíritu, aliviado y tranquilo? Seguro que no. ¡César Prieto se suicidó! Pilatos se lavó las manos… En su sepelio, el Lic. Medina pronuncia palabras enaltecedoras de su amigo, dejando caer, como viejo zorro, mal intencionadas chinitas: “Yo no critico a César, pero lo entiendo. La vida no tiene sentido cuando te dañan moralmente. Hay quienes te asesinan moral, para luego asesinarte físicamente.” Y culmina con una absurda sentencia: “César prefirió morir con dignidad y no vivir sin moral.” No soy quien para juzgar el estado emocional, las razones, causas y circunstancias que decidieron a César Prieto quitarse la vida, dejando un triste recuerdo y en total desamparo a sus seres más amados. Una tragedia que perdura y deja huellas insondables. Cuando se trata de nuestra moral y nos sentimos inocente, debemos enrostrarla. El desengaño o frustración sufrida no deben arrastrarnos a tan funesta decisión. Cuando el debido proceso que impone la ley conduce a la verdad y la justicia, a él debemos aferrarnos para defender nuestro honor y nuestra moral ¡caiga quien caiga! Por: Luis Scheker Ortiz.

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