Opinión

Balaguer y Galíndez

Juan Daniel Balcácer.


Miercoles, 21 de Agosto de 2019

Juan Daniel Balcácer.

Cuando en marzo de 1956 se produjo lo que en el argot de espionaje de la dictadura de Trujillo se llamó “La operación Galíndez”, Joaquín Balaguer era Secretario de Estado de la Presidencia (al año siguiente pasaría a ocupar la vicepresidencia de la República y tres años después sería Presidente). Nada tuvo que ver el entonces influyente funcionario palaciego en la fase previa del secuestro, como tampoco tuvo vinculación con el suplicio al que Galíndez fue sometido, tanto por Trujillo como por su hijo Ramfis, quienes finalmente ordenaron su eliminación física. El papel de Balaguer en ese resonante caso fue durante la etapa de encubrimiento oficial, que sobrevino a raíz del escándalo mediático internacional que se desató después del asesinato del piloto Gerald Murphy. Se dice que en esa fase de encubrimiento oficial Trujillo invirtió una cuantiosa suma de dinero, más de $8,000,000 dólares, en gastos de relaciones públicas, publicidad y gestiones diplomáticas, con tal de desvincular a su gobierno de toda responsabilidad del caso.

Según Manuel de Dios Unanúe (Cf. “El caso Galíndez. Los vascos en los servicios de inteligencia de EE UU”), en 1960, Balaguer fue favorecido por Trujillo con la presidencia de la República en parte “como recompensa por sus servicios e incondicionalidad” y también por “su activa participación en el encubrimiento del secuestro de Galíndez y los asesinatos de Gerald Murphy y Octavio de la Maza…”. En el libro: “Informes y documentos del caso de Jesús de Galíndez”, compilación y notas del destacado periodista y escritor Cándido Gerón, hay evidencias sobre las instrucciones que Balaguer transmitía al servicio exterior dominicano, especialmente en Washington, para contrarrestar con efectividad la campaña acusatoria contra el régimen que se desplegaba desde el Congreso y la prensa de Estados Unidos. El FBI, por ejemplo, nunca cerró de manera definitiva el “caso Galíndez”. Y es fama que, una vez muerto Trujillo, por órdenes de Edgar J. Hoover, se reanudó la investigación pues aún vivían personajes claves de la “Operación Galíndez”. De acuerdo con Unanúe, en 1963, una misión del FBI encontró en Santo Domingo “cuatro cartas de un valor extraordinario para el caso Galíndez-Murphy. Tres de ellas mencionaban claramente a Jesús Galíndez Suárez y se referían al libro que sobre el régimen de Trujillo estaba escribiendo. La cuarta estaba firmada por Joaquín Balaguer”.