Opinión

“Dejándolo todo, lo siguieron”

Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez.


Sábado, 09 de Febrero de 2019

Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez.

 V Domingo del
Tiempo Ordinario – Ciclo C
10 de febrero 2019

a) Del profeta Isaías 6, 1-8.

El tema predominante este domingo en la liturgia de la palabra, es la llamada. En la primera lectura, Dios se dirige a Isaías: “¿A quién mandaré?” Respondí: “Aquí estoy, mándame”. Es un encuentro personal del Señor con el profeta, éste dice que serafines en pie junto a él se gritaban uno a otro: – Santo, Santo, Santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria. Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz y el templo estaba lleno de humo.

b) De la primera Carta del Apóstol
San Pablo a los Corintios 15, 1-11.

San Pablo, llama la atención a los Corintios por su falta de fe y les recuerda los fundamentos que tuvo al explicarle las escrituras y transmitirles la verdad del Evangelio de Jesucristo, más aún, refiere el testimonio que muchos relataron respecto a su aparición después de muerto y resucitado, y más aún, su propio testimonio, de acuerdo a la llamada recibida por el mismo Señor, constituyéndose él en el menor de los apóstoles.

Del mismo modo, una vez concluido el tema de los carismas y su uso, afronta un nuevo problema sobre el que le han llegado rumores. “¿Cómo algunos de ustedes dicen que no hay resurrección de los muertos?” Es posible, dice el P. Schˆkel, que estas personas estuvieran influenciadas por el pensamiento filosófico griego, que separaba el alma y el cuerpo y que valoraba sólo aquella, reduciendo el cuerpo a materia despreciable y perecedera. Si en la muerte el alma se libera del “cuerpo”, ¿qué sentido tiene recuperarlo, encerrarse o enterrarse de nuevo en él a través de una posible y futura resurrección corporal? Sería como si el alma regresara de nuevo a la tumba del cuerpo, haciendo juego con las palabras griegas: “soma”, cuerpo, y “sema” tumba.

En contraposición, si aceptaban que Jesús resucitó y que esa resurrección ya la estaban gozando plenamente. Prueba de ello es la euforia espiritual de esa supuesta libertad y conocimiento superior que les proporcionaban ciertos carismas malentendidos.

Las consecuencias no eran tan inocentes. Por ejemplo, la indiferencia moral hacia todo lo relativo al cuerpo, sexualidad incluida, o la falta de sensibilidad sobre la situación de los más pobres y marginados de la comunidad.

c) Del Evangelio según
San Lucas 5, 1-11.

En este fragmento del Evangelio según San Lucas tenemos la llamada formal al seguimiento que hace Jesús a los primeros discípulos. Con el signo de la pesca abundante, Jesús le plantea a Simón el desafío. Aunque habían pasado la noche pescando inútilmente, no habían sacado nada, “pero ya que lo dices, echaré las redes”, fue la respuesta de Pedro a Jesús. “Lo hicieron y capturaron tal cantidad de peces que reventaban las redes. Hicieron señas a los socios de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Llenaron las dos barcas que casi se hundían.

La reacción de San Pedro, cuya impetuosidad ya conocemos, fue muy sencilla y comprensible, no olvidemos que era un pescador veterano al igual que los demás, pero ante aquella demostración del poder del Señor, dice San Lucas, “cayó a los pies de Jesús y le dijo: ¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador! Ya que el temor se había apoderado de él y de todos sus compañeros por la cantidad de peces que habían pescado. Lo mismo sucedía a Juan y Santiago, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón: No temas, en adelante serás pescador de hombres. Entonces, amarrando las barcas, lo dejaron todo y le siguieron”. Dios es, quien siempre toma la iniciativa, y los llamados por Él reciben siempre una misión concreta. “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”, dice Jesús a Pedro y a sus compañeros. Igualmente, en la primera lectura, después que el serafín purifica los labios de Isaías con el ascua del altar y le son perdonados sus pecados, el Señor requiere: ¿a quién mandaré? ¿Quién irá por mí? Asimismo, Pablo se reconoce constituido apóstol por Cristo y testigo de su resurrección. “Yo soy el menor de los Apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol porque perseguí a la Iglesia de Dios. Pero, por gracia de Dios soy lo que soy … un apóstol”.

Fuente:
P. B. Caballero: En las Fuentes de la Palabra, ciclos C.
Luis Alonso Schˆkel: La Biblia de Nuestro Pueblo.