Opinión

Distorsiones sobre la orden

OSCAR MEDINA.


Lunes, 10 de Junio de 2019

OSCAR MEDINA.

Las iglesias y los grupos más conservadores de la sociedad han pretendido distorsionar el objeto de la orden departamental 33-2019 del Ministerio de Educación, que declara prioritaria la implementación de una política de género, y dispone el diseño de herramientas pedagógicas para facilitar, desde la escuela, la desconstrucción de estereotipos que condicionan la igualdad y favorecen la reproducción de patrones de dominación masculina.

Desde el Ministerio de Educación se ha repetido hasta el cansancio que con esta disposición buscan iniciar el camino hacia una cultura de igualdad en el sistema educativo. Que no sólo se trata de que niños y niñas tengan las mismas oportunidades de acceder a la escuela o sean tratados como iguales en el aula, es formarlos entendiendo que las mujeres tienen los mismos derechos y merecen las mismas oportunidades que los hombres; que pueden realizar cualquier oficio o trabajo y ocupar cualquier puesto de elección; que gozan de la libertad de elegir pareja, separarse de ella y decidir sobre sus cuerpos; es terminar con una visión que estereotipa al varón como fuerte y a la hembra como débil y sumisa.

Esa orden no aborda aspectos relativos a la sexualidad o la identidad o preferencia sexual; no responde a la llamada agenda LGBT ni tiene trasfondos, fachadas o agendas ocultas. No está impulsada por una agenda internacional, y muy por el contrario, se fundamenta en la Constitución de la República, que en su artículo 39 establece que “la mujer y el hombre son iguales ante la ley”, y llama a promover “todas las medidas necesarias para garantizar la erradicación de las desigualdades y la discriminación de género”; en la ley que crea la Estrategia Nacional de Desarrollo, que en su artículo 12 establece el enfoque de igualdad de género como eje transversal de todas las instituciones del Estado; y en los acuerdos sobre igualdad y equidad establecidos en el Pacto Nacional para la Reforma Educativa, suscrito por todos los sectores sociales, entre ellos algunos que ahora se oponen a la implementación de lo que firmaron en abril del año 2014.

Al ministro y sus voceros se les ha “pelado la garganta” explicando que esta orden no “impone” una política, sino que crea una unidad multidisciplinaria con la finalidad de diseñarla. Que todos los sectores interesados podrán presentar sus observaciones y objeciones, y que finalmente será el Consejo Nacional de Educación que conocerá y decidirá sobre la propuesta.

Aunque al final, por mucho que se explique, la verdad poco importa… Quienes más rabiosamente se oponen a esta orden distorsionan la conciencia y carecen de interés para discutir sinceramente y a profundidad sobre este asunto.

Por tanto, basta de explicaciones… El Ministerio de Educación que se dedique a diseñar e implementar políticas para que los estudiantes reciban una formación integral basada en valores de igualdad y tolerancia…  Y que haga ningún caso a esos grupos que inventan e hiperbolizan, intentando condicionar las políticas públicas a sus atrasadas y cavernarias posiciones… Esa gente siempre estará opuesta a los avances que favorezcan la construcción de una sociedad más justa y menos opresiva.