Opinión

Educar contra el fenómeno de la corrupción

Ramón Antonio (Negro) Veras.


Jueves, 10 de Octubre de 2019

Ramón Antonio (Negro) Veras.

1.- Los  progenitores de nuestro  país están hoy más comprometidos que nunca a sentar las bases sobres las cuales han de levantar moralmente a los hombres y a las mujeres del futuro. La obligación contraída por los ascendientes frente a sus vástagos, para que  mañana sean ejemplos de buen proceder, es una responsabilidad que no pueden eludir, sin importar las dificultades que estén llamadas a enfrentar.

2.- No escapa al conocimiento de las personas  sensatas que el ambiente en el cual nos movemos hoy, desde el punto de la honradez, no  es el mejor. Ser honrado se ha convertido en algo difícil en el comportamiento de muchos de los dominicanos y de las dominicanas. Las rectas actuaciones deben ser enseñadas por los padres que aspiran a formar bien a los que serán en el porvenir personas marcadas por el signo de la probidad.

3.- Si se orienta a los hijos para que se desarrollen como seres humanos dignos de ser honrados, de seguro que vamos a tener munícipes con un gran concepto de honor. Resulta muy provechoso para cualquier país contar  en su seno con ciudadanos y ciudadanas con la suficiente calidad para por su conducta merecer el respeto y la consideración de  los demás. Una nación  con entes sociales bien educados sirve como modelo de honra a otros pueblos.

4.- Sin mucho esfuerzo nos damos cuenta que aquellas personas que provienen de núcleos  familiares donde el papá y la mamá se esforzaron para que sus niñas y niños asimilaran y ejecutaran las buenas costumbres han resultado ser comunitarios de gran estima, sobrados méritos, cargados de nobleza y siempre actuando dentro de los principios éticos y de conformidad con las normas de alta moralidad.

5.- La familiar,  la célula principal de la sociedad humana, debe tener como  guía a padres y madres que por sus actuaciones sirvan de modelo a sus hijos y a sus hijas. Los buenos progenitores son aquellos que son meritorios porque hicieron posible el enaltecimiento de sus retoños, encumbrándoles como personas honorables.

6.- Porque la familia dominicana, al igual que la sociedad en general, se ha deteriorado, aquí abundan los sinvergüenzas, vagabundos y truhanes de todos los calibres, haciendo posible la presencia de turpenes que constituyen una afrenta social y que continuamente son objeto de merecidos vituperios.

7.- Los fenómenos  que dañan el medio social dominicano son causados por el sistema dominante y la mala formación que acompaña a amplios sectores y clases; a grupos humanos que no han sido formados para resistir las lacras que impulsa el ordenamiento económico y social que padecemos, basado en la desigualdad de oportunidades para la mayoría de la población dominicana.

8.- A lo mejor de la familia dominicana le conviene ir formando miembros que sean diferentes en conducta a muchos individuos que en estos momentos constituyen una afrentar social porque han olvidado todo lo que significa honestidad; no se preocupan  por la integridad como virtud que adorna a la persona, y se han llegado a creer que da lo mismo ser calificado como decente que como corrupto.

9.- A la niñez dominicana de hoy hay que guiarla para en el porvenir contar con ciudadanos y ciudadanas distinguidos por la estima que merecen por el prestigio bien ganado por haber llevado una vida apegada a la probidad. Aquel que es formado en la moralidad rechaza de por vida todo acto de corrupción. El ser humano hecho para conducirse limpiamente permanece al margen de las acciones pecaminosas vergonzosas y censurables.

10.-  La correcta instrucción hogareña y escolar resulta edificante  para la sociedad  tener en el mañana a mujeres y hombres llenos de civismo, y que tengan como línea de conducta  ser limpios por entero. Aleccionar, aconsejar a los compatriotas que mañana  van a dirigir desde el Estado a nuestro país, es formarlos diciéndoles, entre otras cosas, qué es la corrupción.

11.- En el hogar y en la escuela hay que bien educar a los hijos y a los estudiantes en el sentido  de que es obsceno, escandaloso, indecente y de toda forma censurable practicar la corrupción. Debemos hacer patente, sermonear con calidad para hacerlo, que la corrupción  hace agusanado, podrido, pervertido y despreciable al corruptor y al corrupto. Desarrollo a continuación la depravación expresada como fenómeno que hace vil y malea la sociedad.

I.- Sistema y  fenómeno de la corrupción   

12.-  Cuando hablamos de un sistema nos referimos  a algo que  funciona en forma constante, uniforme; responde a una organización  debidamente estructurada; diseñada  de  tal forma que nada está  aislado, todo va concatenado. La uniformidad es la  esencia que identifica a un sistema.

13.- Un sistema social  genera toda una serie de fenómenos que le son inherentes, le acompaña a todas partes, como la sombra sigue al cuerpo; es una  totalidad de  piezas presentes en el medio social y no desaparecen  mientras se mantenga el cuerpo que las aloja.

14.- Al sistema capitalista, sin importar que sea desarrollado o subdesarrollado,   le acompañan, en forma indisoluble, fenómenos que le son  propios, no  puede liberarse de ellos  porque  les son innatos  a su existencia en  cualquier sociedad.

15.- El  de la corrupción    es de los fenómenos sociales propios del capitalismo;  hay una ligadura tal que uno no existe sin el otro. La corrupción   florece, brota de las entrañas  mismas de ese ordenamiento económico, político y social. No se  presenta de inmediato,  sino que  lo hace lentamente, poco a poco;   calmadamente va siendo asimilada, suavemente penetra en la conciencia de amplios segmentos de la comunidad.

16.- La  inserción  del fenómeno de la corrupción    en la sociedad es  consecuencia del deterioro del sistema que le sirve de sustentación; así como se agrieta el ordenamiento económico,  se va  cuarteando el medio social.

17.- El proceso de agrietamiento social como es el caso de nuestro país, llega a un grado tal de descomposición que no es posible recomposición alguna; en esa etapa la putrefacción se hace insoportable, la corrupción    toma el imperio y domina la sociedad. Se hace imposible soportar la putrefacción, la pudrición que se siente en el ambiente.

18.- La sociedad dominicana actual es un vivo ejemplo de lo que es un medio dañado, en el cual la corrupción   es más fuerte que todas las instituciones  que componen el Estado. La perversión, el desenfreno se advierte  por todas partes, la degeneración es notoria, y la amoralidad es aceptada como parte  de la cotidianidad.

II.- Modalidad y poder de la corrupción 

19.- La corrupción    penetra en la sociedad mediante diferentes modalidades; se desarrolla con distintas particularidades tomando en cuenta el alto o bajo desarrollo  del sistema social que la genera, y la manera de como influye cambia de una persona  a otra.

20.- Porque  sabe que actúa en forma sucia, por muy estúpido que sea o  aparenta ser el corrupto, trata de no ser chapucero en sus  actuaciones; chapucear no es normal en el  corruptor ni en el corrompido. Ambos tratan de operar con habilidad, ser perfeccionistas, nunca desmañados.

21.- Al momento de incurrir en una acción corrupta, el corrupto trata de perpetrarla sin dejar el menor rastro, porque supone que la más leve señal puede ponerlo al  descubierto. La clandestinidad, ocultar, mascarar, o de cualquier forma tapar, favorece al  corrupto.

22.- A veces, la corrupción    se hace notoria, se advierte sin mucho esfuerzo, mientras que  en otras ocasiones hace acto de presencia con mucha sutileza,  armada de argucia cuando  su portador  es muy agudo y procede con  suma fineza.

23.- La corrupción   es   ejecutada con habilidad, con alta dosis de ingenio, aunque también se practica con impericia. La actitud del actor determina si la operación corrupta ha sido la obra de un habilidoso o un estúpido.

24.- El corrupto,  en determinadas ocasiones deja huellas   y siguiéndolas es posible descubrir sus fechorías; si la exploración da como resultado la comprobación  de la operación dolosa, es posible ponerla en evidencia ante la sociedad, aunque  ésta al final no resulte  resarcida  por el daño recibido.

25.- Los corruptos tratan de operar  ingeniosamente  para alcanzar  el objetivo delincuencial  que se proponen,   estar al margen de la justicia,   disfrutar de impunidad; y  contar  con aliados  que sirven  para apañar sus diabluras.

26.- El tiempo se convierte  en aliado de la corrupción,  hace posible  se constituya en una estructura  que sirve  para sus actores  moverse tranquilamente; una vez la corrupción    es un entramado delincuencial, tiene garantizada la  impunidad.

27.- La corrupción    insertada  en la sociedad,  con  poder, se convierte en autoridad, adquiere jurisdicción  marcando su imperio en todo el ordenamiento social, económico y político. En lo adelante, el corrupto  se considera que ha recibido poder para representar a la sociedad, algo así como un poderhabiente vigorizado.

28.- Aquel que se mueve en el mundo de la corrupción   conoce  el ámbito donde lleva a cabo su actividad; sabe cómo  moverse para tener el dominio, la ascendencia en el medio social y no ser rechazado, y sí recibido como un mayoral, un  soberano amigable.

29.- El que practica la corrupción, es fino en su trato,  se comporta elegante, sumamente primoroso, delicado, altamente exquisito para relacionarse; llega a confundir  su roce con los demás como  algo familiar.

30.- La corrupción   en el medio social dominicano  no es una ficción, fábula o artificio; es una realidad que a cada instante nos da en la cara; es una verdad irrefutable; no es una quimera ni una aprensión, es algo axiomático, es un fenómeno que está aquí,  presente por todas partes,  y  que nadie  con sano juicio puede discutir. 

III.- Actitud ante la corrupción   

31.-  La corrupción, como todo fenómeno social, la percibimos por medio de los sentidos, como fruto de la experiencia acumulada en el diario vivir. No  podemos verla como algo pasajero, hija de las circunstancias.

32.- En un mismo ambiente, personas de igual clase social, pueden tener forma diferente de asimilar, captar un vicio social determinado. A veces, lo  nocivo aceptado por un  sujeto, es rechazado por otro, aun teniendo origen social semejante.

33.- En sociedades heterogéneas,  integradas por diferentes clases sociales, los fenómenos no son asimilados de igual forma y, por vía de consecuencia, el comportamiento no es el mismo, la conducta cambia de una clase a otra.

34.- Ante la existencia de la corrupción,  no todos los que  componen  la sociedad adoptan frente a ella igual actitud; unos la enfrentarán, otros se comportarán indiferentes, y  muchos  se limitarán  a  sacarle   provecho.

35.- Aquellos que se benefician de la corrupción   la santifican, presentándola como algo normal, común y corriente; argumentan que siempre ha existido  y existirá  y que,  por tanto, hay que convivir con ella como un mal necesario.

36.- Los indiferentes, portadores de la ideología  individualista,  sólo  atienden a sus intereses,  los cuales colocan por encima de los de la sociedad. Para ellos la corrupción   les resbala, no les importa, son insensibles, se muestran desinteresados.

37.- De los que rechazan la corrupción    por dañosa, inmoral, impúdica  y perversa, unos creen que  basta con denunciarla como negativa e identificar corruptos, mientras otros consideran que  lo  correcto es denunciarla como  formando  parte del sistema y para erradicarla de raíz  proceden luchar en su contra como un mal sistémico. 

38.- Accionar contra la corrupción    como un mal que puede desaparecer con paliativos, contribuye a sembrar ilusiones en la conciencia de amplios sectores de la sociedad que la rechazan como algo pecaminoso que merece el desprecio por nefasta.

39.- Siendo la corrupción    un tumor  que daña el cuerpo social,  para erradicarlo  hay que   atacarlo  en su raíz, con la finalidad  de  que  desaparezca definitivamente,  sin posibilidad de volver a germinar. Tratar  la corrupción   con métodos superficiales permite su permanencia nociva en la sociedad; es prolongar su existencia,  y con el transcurrir  de su vigencia llega a convertirse    en algo endémico.

IV.- Sembrando la confusión  en la lucha contra la corrupción   para no  enfrentar el sistema

40.- Aquellos que subestiman  la inteligencia del pueblo dominicano, utilizan todos los medios posibles para crearle confusión  con relación a distintos fenómenos que se dan  en el seno de la sociedad.

41.- Son los mismos que procuran hacerle creer al país,  que es igual  prudente que tonto, sensato que estúpido, atento que cándido, sencillo que incauto, en fin,  se las arreglan  para inducir a que se acepte que da lo mismo ser franco que deslenguado.

42.- El error de  visión para ver con claridad un problema, y la falta  de acción  certera para  combatirlo, a veces es fruto de un análisis errado de   la  vía para lidiar, para batallar y vencer.

43.- La confusión  que lanzan ideólogos del sistema para sembrar el desconcierto en la conciencia de las grandes mayorías  nacionales, ha dado sus frutos porque las ha inducido a equivocación, fijando un enredo de enfoque en temas que requieren un  análisis correcto, en torno a un asunto que necesita  una consideración precisa  para encauzarlo con éxito.

44.- Aquellos que siembran  el confusionismo en el seno de nuestro  pueblo  procuran  hacerle creer que lo sistémico, lo generado por  el sistema es algo individual,  personal, coyuntural; que no es propio  del  ordenamiento establecido, que es  momentáneo, y  que en cualquier momento  puede ser superado. Son los  que creen que persiguiendo un corrupto se acaba la corrupción.

45.-  Constituye un grave error personificar un fenómeno  social en una persona; esto desnaturaliza el método  que se ha de aplicar para la erradicación  de lo que representa una tara social. No se acaba  el fenómeno de la prostitución  eliminando las prostitutas, ni matando los pobres  se acaba con la pobreza.

46.- La desigualdad, el hambre, la miseria, el  egoísmo, el individualismo, la discriminación, y otros vicios sociales,  al igual que la corrupción, son fenómenos sociales inherentes al sistema que padecemos los dominicanos y dominicanas. 

47.- Enfrentar la corrupción   como fenómeno social, entraña combatir el sistema que le sirve como caldo de cultivo; de lo contrario se hace una labor inútil, infecunda; sería proceder con torpeza, una acción innecesaria por ineficaz.

V.- Los aliados en la corrupción 

48.- Entre dos personas  debe existir  afinidad para lograr la unidad, identificación  en el fin perseguido y avenencia para mantener la comprensión. El autor y el cómplice de la corrupción    establecen concordancia en base a resultar  beneficiados de operaciones corruptas.

49.- La podredumbre de la corrupción   hace posible la unidad de indiferentes y aprovechados; con su actitud hacen alianza impúdica, exhibiéndose  como una  mancuerna  de mamíferos alimentados por una misma ubre.

50.- Entre el que la practica y el que indirectamente  se beneficia de la corrupción  , hay concurrencia de beneficiados, y la  identidad en sacar ganancia  posibilita sincronía en no atacar lo que es deshonesto.

51.- No se puede  esperar que los aliados de la corrupción    van a identificarse  como socios. Se comportan como no participes en acciones corruptas;  extraños a la suciedad, pero unidos en socavar, excavar hasta  lo último en complicidad, y también para socapar, taparse para no ser denunciados y sancionados.

52.- El mundo de la corrupción   descansa para  su ejecución  en un tejido de complicidades, sin las cuales resulta imposible llevarla a cabo; de ahí la importancia que el  corrupto le da  a su coautor. En  nuestro medio, colaboradores de corruptos se presentan como desligados de las acciones ilícitas de sus compinches, para  no figurar como encubridores en las maquinaciones para la depravación.

53.- Corruptos directos e indirectos, para los fines resultan iguales, porque su alianza tiene por base delinquir, cubriéndose como aliados con sentido de mutualidad en la repartición  de lo obtenido  bajo la ilicitud. La colaboración  en la operación  corrupta hace posible la consumación de la trama para defraudar.

54.- El corrupto y su colaborador, lesionan por igual a la parte sana de la sociedad, porque uno y otro, en  comitiva, acuerdan  depredar, o de  cualquier forma despojar a alguien  de lo que posee honradamente, y cuando es al Estado se ofende a  todos los miembros de la comunidad.