Opinión

El mea culpa

El conocimiento del caso Odebrecht coincidió con la selección de los jueces de la Suprema Corte de Justicia y es de conocimiento general el curso de ambos procesos, sobre todo el escándalo generado por los cuestionamientos que hizo el procurador general de la República a la magistrada Miriam Germán.


Miercoles, 13 de Marzo de 2019

El conocimiento del caso Odebrecht coincidió con la selección de los jueces de la Suprema Corte de Justicia y es de conocimiento general el curso de ambos procesos, sobre todo el escándalo generado por los cuestionamientos que hizo el procurador general de la República a la magistrada Miriam Germán. Ha sido una fabulosa batalla por la atención del público, donde ambos eventos se han alternado en “ratings” de audiencia. Sin embargo, pocos han destacado la circunstancia de que Odebrecht es la madre de ambas noticias porque ese escándalo de corrupción se ha ido quedando sin acusados y se vislumbra un final de telenovela donde un protagonista, con o sin novia, se casará con la gloria venciendo al sistema judicial dominicano con un fantástico “no ha lugar” que haría historia; y no es que yo presuma de jurista experimentado o profeta político, es que el blindaje de nuestros corruptos es muy sólido y la legislación contra delitos administrativos estatales en nuestro país es débil o ambigua y no hay forma de probar sobornos que solamente descerebrados se atreverían a realizar a la luz pública dejando huellas incriminatorias que el ministerio público pudiera utilizar.
Por lo anterior es que quien recibe 92 millones de dólares para comprar voluntades puede desafiar a la justicia pidiendo, a viva voz, pruebas, y sabe que solamente si se vuelve loco y confiesa su culpabilidad lo podrían condenar y acepta declarar su “mea culpa”, orinándose en la justicia criolla, porque regalar dinero no es un delito y sus favorecidos jamás confesarán en su contra a menos que les paguen muy bien para ello y aún así nadie podría aportar evidencias.

Por: Eusebio Rivera Almódovar.