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29 de noviembre del 2020

Opinión

La capital tiene agua segura si asume su río en vez de aguas prestadas

La “nueva normalidad” ha permitido el encuentro y reencuentro con amigos y personas afines con la manera de ver la vida, aun por la forma virtual, siempre del lado de lo posible, al margen de las decisiones políticas que asuma la administración del Estado en tanto y cuanto los recursos naturales con los cuales ha […]




La “nueva normalidad” ha permitido el encuentro y reencuentro con amigos y personas afines con la manera de ver la vida, aun por la forma virtual, siempre del lado de lo posible, al margen de las decisiones políticas que asuma la administración del Estado en tanto y cuanto los recursos naturales con los cuales ha sido y será sostenible la vida de los dominicanos. Es que más de la mitad del año la hemos pasado haciendo balance del recurso agua. Unos diez eventos nacionales e internacionales nos han vinculado al tema, sobre todo desde que el Banco Mundial publicó en el portal el mapeo del agua potable en el mundo, recurso finito que vale más que el oro y otras riquezas porque de ella depende la vida.
En el país existen expertos, que lo son porque además de las pericias técnicas y los conocimientos académicos, tienen en su haber el otro factor determinante para el éxito en cualquier acción humana: el amor y la pasión por lo que hacen. De los eventos virtuales hemos atesorado conocimientos que deben ser compartidos; como el caso de los ríos Ozama e Isabela, los cuales forman la cuarta cuenca importante del país, ambos nacen en la Loma de los siete picos o siete cabezas y son la fuente natural del agua de la capital. Cuando se fundó la ciudad de Santo Domingo, el Ozama fue su fuente natural de agua; es que desde ese rio llega por gravedad agua dulce suficiente para abastecer a los casi cuatro millones de habitantes que pueblan el gran Santo Domingo. El rio Ozama tiene 138 kilómetros de longitud, irriga las aguas de la Sabana de Guabatico y se fortalece en su trayecto con numerosos ríos antes de juntarse con el Isabela, del que se puede decir que son hermanos, uno que nació en el lado Este y otro en el Oeste de la loma de siete picos. Dice el ingeniero Eleuterio Martínez que la capital consume agua prestada, porque se abastece de la presa de Valdesia con agua del rio Nizao, mientras desperdicia su fuente de agua segura que incluso llega por gravedad, como lo ha hecho siempre el Ozama. Los ríos Isabela y Ozama nunca se han secado, nacen en un ecosistema único de bosque nublado donde la humedad que atrapan las hojas permite las lluvias permanentes al chocar con las montañas los vientos alisios. El mapeo sobre el ecosistema de los dos ríos importantes como el Ozama y el Isabela mostró también la existencia de 20 ríos que aumentan su caudal, fortaleciendo la cuenca del Ozama, la cuarta en importancia del país. La Loma de las siete cabezas forma parte de la Sierra de Yamasá y está ubicada cerca de la Cumbre en Villa Altagracia. Debido a su importancia grupos de ecologistas y vecinos entienden que debe declararse como “Patrimonio Natural” y utilizar su potencial para el ecoturismo y las aguas que nacen en ella como el tesoro estratégico para el suministro a los casi 4 millones de habitantes de la capital. El Ozama forma parte del cinturón verde de la ciudad de Santo Domingo, declarado en el decreto 183-83 emitido por el gobierno de entonces para regular el crecimiento urbano. Una preocupación es el sedimento del Ozama como consecuencia de la erosión que se produce en una buena parte de la montaña. El rio debe ser recuperado y hacer de él algún día, como los franceses con el Sena de Paris. Por Altagracia Paulino.

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