República Digital - Indotel Anuncio

27 de enero del 2021

Opinión

La protección no debe detenerse con la pandemia

Por: ELISABETH DE PUIG . La protección de nuestros niños, niñas y adolescentes (NNA) no espera, tiene poco que ver con virtualidad, regreso a clases a distancia, se rige por parámetros diferentes: la integridad de los menores y el respeto de sus derechos más elementales. Les quiero dar ejemplos de niños y niñas desprotegidos, algunos […]




La protección de nuestros niños, niñas y adolescentes (NNA) no espera, tiene poco que ver con virtualidad, regreso a clases a distancia, se rige por parámetros diferentes: la integridad de los menores y el respeto de sus derechos más elementales. Les quiero dar ejemplos de niños y niñas desprotegidos, algunos de ellos huérfanos de padres vivos (entre miles de los que, para sobrevivir, surfean en la geografía de los sectores vulnerables del país), y a los cuales la Fundación Abriendo Camino reabre poco a poco sus puertas. Es un grupo que tiene sus propias características dentro de los varios grupos de niños y niñas que están relacionados con nuestra institución. En la realidad, ellos y ellas son muchos más que los que hemos reunido en este primer intento de retomar iniciativas presenciales a favor de esta población, que no siempre ha podido entrar en el sistema escolar a distancia por la imposibilidad de acceder a este modelo. Con este piloto esperamos ampliar la capacidad de respuesta por ser tantos los NNA que viven realidades que ponen la piel de gallina cuando se entra en sus hogares o se lee sus historias de vidas. En él hay desde pedigüeños hasta una niña que fue traída por su hermana desde Haití para que estudie en Santo Domingo, pero que nunca ha visto la puerta de la escuela porque nunca fue inscrita. La suerte de la hermana que la hizo venir cambió y tuvo que emplearse en una casa de familia. De refilón, Fifi también es doméstica en un hogar dominicano. La usan para hacer todos los quehaceres de la casa y cuidar los niños. Es una esclavita del siglo XXI sin ningún deudor. Está el niño D… que la madre manda a pedir frente a la entrada de su callejón en la Ovando, mientras que ella -desde la esquina del “casino” donde juega cartas y apuesta con sus amigas- le echa un ojo al niño para que “no le pase nada” y controlar lo que le está entrando. También está una adolescente de 13 años cuya madre no la quiere en la casa. Más bien está loca porque la saquen de allí y la lleven a un hogar. Dice esta señora que con la niña no puede ganarse los pesos tranquila; su presencia le impide alquilar su cama para encuentros de parejas, en la cuartería donde vive en el sector de La Puya. Feliz está ahora con que la niña libere el espacio dos veces a la semana. “No puedo con ella, anda mucho y no me deja ganar dinero…No la soporto, ya está grande, que se busque unmarío y que me deje en paz”, dice la madre frente a la niña que, por su lado, haría cualquier cosa para conseguir un celular y ponerle paqueticos para chatear y ver Facebook, y así escapar a su realidad. Si las historias de vidas de estos niños y niñas eran desgarradoras antes de la pandemia, con la irrupción de la covid-19 son descripciones de una suerte de bajada al infierno. Llegaron trece niños y niñas el primer día, luego diez y ocho el segundo. Se asoman con una sonrisa radiante al momento de cruzar, con todos los protocolos de bioseguridad, el portón de un espacio que reconocen como amigable y seguro. Durante algunas horas vuelven a ser los niños, niñas y adolescentes que son, pueden hablar de sus vivencias, disfrutar con sus facilitadores de actividades educativas y lúdicas con distanciamiento social, pasar momentos de tranquilidad que les permiten recargar sus baterías luego del ajetreo y de los peligros de las calles. Cuando suena el timbre se van a sus casas con alimentos para la cena de la familia. Es una tregua en la búsqueda cotidiana de comida en la calle. El deber de protección no se detiene con la pandemia. No solamente se logró el cometido con la vuelta de nuestros pequeños usuarios; también los integrantes del equipo -enfocados desde hace meses en la virtualidad- sintieron alegría en reencontrar caras familiares y en apoyar a estos chicos y chicas que viven en condiciones que ningún niño o niña del mundo debería conocer.

Noticias destacadas