Opinión

Loma Miranda y lo que nadie vio en las estrategias secretas del poder

Rafael Nino Féliz.


Miercoles, 11 de Septiembre de 2019

Rafael Nino Féliz.

La lucha del pueblo dominicano, a través del movimiento social, en defensa de la conservación de Loma Miranda como una importante área protegida para convertirla, mediante una ley, en Parque Nacional es uno de los acontecimientos más significativos de nuestro país en toda su historia, en términos ambientales y políticos. Esa lucha tocó todos los corazones de los ciudadanos y si algunos no se sumaron físicamente a las grandes movilizaciones, lo hicieron desde sus hogares, centros de estudios, puestos laborales, iglesias, el exterior, o simplemente en la intimidad de las oraciones alojadas en las almas y la rebeldía de muchos ciudadanos en diferentes partes del mundo. No estuvimos solos en esa lucha y nos apoyaron las voces solidarias de muchos países hermanos; turistas, empresarios, científicos y personalidades que visitaban nuestro país gestionaban visitar también a Loma Miranda para conocerla y ver de qué se trataba ese mágico lugar que convocaba tantas voluntades en esta pequeña isla del Caribe.

Después de mucha lucha durante un largo período y un movimiento social en marcha con enormes posibilidades de crecimiento, que iba sumando cada vez más sectores sociales, que se movilizaban en la geografía nacional y un campamento al pie de la montaña, convertido en cuartel general, casi en un santuario y centro de operaciones, donde lo mejor de la Patria se exponía y resistía, el Congreso Nacional entonces se vio obligado, por las circunstancias, a aprobar el «Proyecto de Ley de Loma Miranda Parque Nacional». No había ni hay duda de que la mayoría de los legisladores miembros de ambas Cámaras eran partidarios de convertir mediante dicha ley a Loma Miranda en Parque Nacional; no así quizás las élites de ambos hemiciclos que, por mandato político o intereses de cualquier tipo, siempre actúan de forma diferente. Este proceso sirvió para evidenciar poses y escaramuzas exhibidas por algunos legisladores, que, moviéndose como verdaderas fieras, querían moverse entre los intereses en conflicto. En el centro del asunto también estaba presente su repostulación y reelección en sus respectivas comunidades.

La lucha del pueblo en defensa de Loma Miranda tuvo de escenario, como todas sus grandes batallas reivindicativas, las calles del país y, como

centro de presión política a las autoridades, para la aprobación del mencionado proyecto de ley que protegiera a ese patrimonio ambiental, al Congreso Nacional. Un congreso controlado por el Ejecutivo y fiel a sus dictámenes; a la vez que se acercaban unas elecciones en las que los propios congresistas debían jugarse su reelección. Ellos entonces trataron de romper el cerco tendido por toda la población articulada por un gran movimiento social desafiante, sólo comparable con la lucha reciente contra la reforma a la Constitución que buscaba la repostulación del presidente de la República.

La estrategia estaba clara. Si el Congreso no aprobaba -o se negaba- el proyecto de ley que declaraba a Loma Miranda como Parque Nacional, la mayoría de los diputados y senadores reeleccionistas hubiera sido rechazada por la población y no hubiese tenido chance de permanecer en sus puestos en esas elecciones que se iban a celebrar en ese momento o en el futuro inmediato.

Los congresistas y los políticos del gobierno reconocían -de hecho- la mala imagen que el pueblo tiene de ellos, y lo reflejan todas las encuestas de opinión, sobre el Congreso Nacional; pero sabían, por el contrario, que la valoración del presidente para ese momento tenía un alto nivel de aceptación en la población del país.

Entonces utilizaron una estrategia muy sutil: «El Congreso Nacional aprueba El Proyecto para Convertir Mediante Ley a Loma Miranda en Parque Nacional y el Presidente de la República -ejerciendo su facultad como Ejecutivo de la nación- observa dicha ley. Y Loma Miranda se quedó sin una ley que la ampare y pueda protegerla. El país quedó en shock y se desinfló el proceso de protestas con el discurso del Presidente, en el cual juraba que mientras él fuera jefe del Estado, vale decir Presidente, Loma Miranda no será tocada». La gente no se dio cuenta de ese paso táctico o estrategia inteligente de la capacidad política en la guerra de los intereses. Era como si se dijera: «ustedes la aprueban y nosotros la observamos». Loma Miranda aún espera…