Opinión

Menos advertencias, más acciones

A estas alturas no habría ni que decirlo, pero  parece necesario  recordar que las amenazas y presiones de funcionarios públicos  para que empleados voten por los candidatos oficiales y sus aliados, que de ninguna manera se limitan al Departamento Aeroportuario  y Marino Collante, constituyen,  más que un error o una falta de conciencia  democrática, un delito penado por la ley contra el que se debe actuar tan pronto se comete.


Jueves, 13 de Febrero de 2020

A estas alturas no habría ni que decirlo, pero  parece necesario  recordar que las amenazas y presiones de funcionarios públicos  para que empleados voten por los candidatos oficiales y sus aliados, que de ninguna manera se limitan al Departamento Aeroportuario  y Marino Collante, constituyen,  más que un error o una falta de conciencia  democrática, un delito penado por la ley contra el que se debe actuar tan pronto se comete. ¿O alguien me va a decir que el video de Collante que circula en las redes sociales no califica como prueba? Por eso se entiende la inconformidad de los partidos políticos  de oposición que se quejan de la tibieza, que los más radicales califican de debilidad extrema, conque la JCE   reacciona a los desbordamientos y claras violaciones a la Ley de Régimen Electoral  por parte del Gobierno, que por tener demasiadas velas en ese entierro deberían recibir una respuesta más contundente del árbitro responsable de garantizar un mínimo de equidad y reglas de juego que respeten todos los jugadores sin distinción ni excepciones. A pesar de lo recurrente de esas violaciones, que han ido escalando de manera peligrosa  en la medida en que se acerca el día del proceso y entramos en cuenta regresiva, no se va más allá  de la advertencia, de los buenos consejos y  los recordatorios de que vivimos en una democracia, lo que   resulta claramente insuficiente para reducir a la obediencia a un partido político  que está  en el poder y que, según la confesión de quien  fuera su presidente durante los últimos veinte años y   hasta el pasado mes de octubre,  solo sabe ganar elecciones haciendo fraude. Si la JCE no se prepara, atrincherada en el mandato de la  ley,   para esa “guerra avisada” de la que apenas estamos viendo las primeras escaramuzas,   terminará siendo responsable, por su  falta de  firmeza, de que la democracia dominicana vuelva a sucumbir al poder del dinero que compra conciencias  y doblega voluntades.

Por: Claudio Acosta.