Opinión

Nada nuevo bajo el sol

Orlando Gil.


Viernes, 08 de Noviembre de 2019

Orlando Gil.

La política dominicana no puede inventar nada, pues cualquier situación tuvo su momento y se conocieron sus resultados.

Así como hubo helado en palito o palito de coco, palito en el conteo de una votación. No se sabe quién fue el genio, pero tuvo imaginación.

Las coaliciones de ahora sorprenden, y no se sabe porqué, pues nada raro que reformistas y ex peledeístas vayan de la mano.

El proverbio dice que no hay nada nuevo bajo el sol, y después que Joaquín Balaguer y Juan Bosch levantaran la mano a Leonel Fernández, que lo haga Quique Antún luce normal.

Lo raro fuera que el amarre se diera al revés: Que ex peledeístas votaran por un candidato presidencial reformista, o igual del PRM.

El pragmatismo es ideología al uso, pero no debe exagerarse el contagio. Los escrúpulos fueron echados del Paraíso, pero regresan a escondidas, aunque sea de tarde en tarde.

Los reformistas sienten fascinación por Fernández, y eso explica que se entendieran tan rápido. Incluso si se averiguara bien podría descubrirse su alto grado de ascendiente.

Algunos excusan su indigencia políticas recordando que fue Balaguer quien les enseñó a votar por el expresidente ahora candidato.

Además de que hay un aspecto que no debe dejarse fuera. El reencuentro que podría darse vía Fernández de los reformistas de la franquicia con los conversos.

Reformistas que se fueron tras un cheque y se quedaron en la nueva casa, aunque sin expresión política, y que ahora podrían reivindicarse.

Es verdad que la mocha de Andrés Navarro chapeó bajito, pero todavía quedan reformistas en el servicio exterior que responden a Fernández.

Aunque no sacan cabeza ni dicen esta boca es mía.

Importa que ahora puedan ir de la mano y postular causa común con Antún y Fernández, asumiendo riesgos y consecuencias.

Todavía no se da, ni puede apostarse, pues la candidatura tiene sus dificultades y no se advierte ánimo de defenderla en las instancias de ley si fuera rechazada.

Esa suerte no preocupa, como si se esperara que el designio se cumpliera por sí solo,  sin ningún esfuerzo adicional.