Opinión

Negados a aprender

Pablo Mckinney.


Viernes, 22 de Mayo de 2020

Pablo Mckinney.
pablomcKinney@gmail.com.

 Las medidas de apertura co­mercial y de transporte pú­blico aplicadas desde el pasado miércoles por el go­bierno, pondrán a prueba la autoridad de nuestras autoridades. De lo que de ellas resulte depende el tiem­po en que serán mantenidas, ampliadas o restringidas.

En España, a ese gradual desmon­te se le ha llamado desescalada, que es un confuso término fruto de una infe­liz traducción del inglés pero que, dado su uso generalizado en el lenguaje bu­rocrático y en los medios de comunica­ción, la Real Academia Española no ha dudado en aceptarlo, argumentando que su función no es la de crear voces sino registrarlas cuando su uso se ha ex­tendido, como es el caso de la desesca­lada.

Precisamente, en su particular deses­calada, el gobierno dominicano tendrá que hacer todos los esfuerzos y uno más para lograr que ella se desarrolle sin la anarquía que en las últimas semanas y específicamente en los últimos días he­mos observado en barrios, calles, esta­ciones de espera de la OMSA, y en co­mercios de todo tipo… y en todo lugar.

Alguien que ahora no me acuerdo, (pero debe ser griego) dijo que “cada lágrima enseña al hombre una verdad” pero, ya ven, a los dominicanos ni las lágrimas, ni las desgracias parecen en­señarnos nada.

Uno esperaba que, gracias a la pan­demia del Covid-19, los dominicanos hiciéramos nuestra la vieja sentencia que manda “guardar pan para mayo” y ahorrar en los buenos tiempos “porque los malos se meten solos y ni saludan”, (como el Covid), pero no.

Se suponía que la magnitud de esta pandemia que ha infectado ya más de 5 millones 200 mil almas en todo el mun­do nos llevaría a definir nuestras verda­deras prioridades. Pero ¡qué va!

Por ahí andan los comerciantes bus­cando la manera de que, como el Día de las Madres estaremos todavía bajo las medidas de cuarentena, esta celebración sea transferida a otra fecha para que sal­gamos los dominicanos en loca caravana consumista a comprar a la madre unos regalos que si fueran realmente necesa­rios un buen hijo no habría esperado nin­guna fecha para hacerlos.

Por si lo había olvidado, le recuerdo que el mejor regalo para una madre es saber que Ud. está ahí. Y que, cuando surjan los problemas, Ud. seguirá estan­do… si no lo sabrá uno.

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