Opinión

No es igual decir hay corrupción a que somos corruptos

Nadie que sea sensato o que no esté cegado por la politiquería o la pasión, puede esconder o negar que en el país se hayan cometido y se cometen actos de corrupción.


Jueves, 12 de Septiembre de 2019

Nadie que sea sensato o que no esté cegado por la politiquería o la pasión, puede esconder o negar que en el país se hayan cometido y se cometen actos de corrupción. Pública como privada. En unas épocas más que en otras, aunque de un tiempo hacia acá los escándalos son mayores. Y los más jóvenes, que no necesariamente conocen sobre ello, solo tienen que repasar los periódicos de las décadas pasadas. Eso lamentablemente ha salpicado ciertas áreas. En el nuestro como en muchos otros países.
Lo que estoy planteando, advirtiendo, o si se quiere defendiendo es que se quiera, por las razones que sean, llevar o crear la percepción de que todos los dominicanos están salpicados e inmersos en actos de corrupción. Que somos, no solo un país corrupto, sino el más corrupto de América. Y eso no debemos permitirlo. El país y su gentilicio dominicano debemos defenderlo, protegerlo, cuidarlo.
Pensar que el país está totalmente corrompido y que dicha corrupción llega hasta los más diferenciados estamentos sociales, sería como admitir que ya todo está perdido. Pero no es así.
Invito a quienes así piensan o difunden esa equivocada idea, que empiecen a analizar sus propias familias. Sus casas. A sus papás, tíos, hermanas, hijos, sobrinos y nietos, y verán que la realidad es otra totalmente diferente. Puede que algún miembro de una familia se salga del redil y cometa actos reñidos con las buenas costumbres, pero esa no es la conducta generalizada.
Igual sugiero que analicen si en su vecindario o dentro de sus amistades ocurre, como se quiere difundir, que todos o la mayoría están corrompidos. Pero hacer lo mismo con los profesionales, médicos, ingenieros, profesores, odontólogos, economistas, contadores públicos, agrónomos, periodistas, empleados públicos y privados. Amas de casas, jornaleros, agricultores. ¿Son acaso la mayoría de ellos gente corrompida, traficantes, prostitutas, lavadores de dinero? Eso no es cierto.
¿Están acaso la mayoría de nuestros sacerdotes, diáconos, monjas, religiosos y pastores comprometidos con actos de corrupción? Eso es una mentira.
¿Son los deportistas, estudiantes, trabajadores del campo y la ciudad, dueños de colmados o vendedores ambulantes corruptos en su mayoría? Todo eso es una falsa imagen.
¿Son la mayoría de los dominicanos que viven en el exterior, Estados Unidos, Puerto Rico, España, Italia, Canadá, etc. etc. corruptos, traficantes o lavadores de dinero. Imposible.
Ese gentilicio de dominicano, que lo llevamos los nacidos aquí aunque luego vivan en cualquier parte del mundo, es al que me he estado refiriendo. Y ese dominicano que nos pertenece solo a los que somos de este querido terruño, es al que entiendo que debemos respetar y exigir respeto.
La corrupción existe, claro que sí. Y hay gente se ha enriquecido por vía de ella, cometiendo actos al margen de la ley y las buenas costumbres. Robando, engañando o traficando. En el Estado y en lo privado. Pero solo una minoría. Y ninguno de ellos se llama dominicano. Esos tienen nombres y apellidos. Abiertos o encubiertos. El dominicano, como pueblo y gentilicio merece respeto.

Por: Teófilo Quico Tabar.