Opinión

Salvemos a los educadores

Hojeando las páginas de uno de los diarios nacionales me encontré con el titular de una noticia procedente de Bogotá, Colombia, elaborado por un corresponsal de la agencia cablegráfica española Efe.


Martes, 25 de Febrero de 2020

Hojeando las páginas de uno de los diarios nacionales me encontré con el titular de una noticia procedente de Bogotá, Colombia, elaborado por un corresponsal de la agencia cablegráfica española Efe. Se leía: “Colombianos protestan contra el asesinato de 14 maestros”. Varios pensamientos pasaron por mi mente, uno de ellos el del dramaturgo alemán Bertolt Brecht: “Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío, no me importó. Después se llevaron a los comunistas, pero como yo no era comunista, tampoco me importó. Luego se llevaron a los obreros, pero como yo no era obrero tampoco me importó. Más tarde se llevaron a los intelectuales, pero como yo no era intelectual, tampoco me importó. Después siguieron con los curas, pero como yo no era cura, tampoco me importó. Ahora vienen por mí, pero ya es demasiado tarde”.
Otro recuerdo que también afloró se remontó a mi infancia, data de las primeras lecciones de historia dominicana: la Independencia efímera de Núñez de Cáceres y su soporte de la Gran Colombia, magistralmente contextualizado décadas después por Juan Bosch en su obra Composición Social Dominicana.
No se quedó atrás la imagen del doctor Joaquín Balaguer quien durante la década de los cuarenta del pasado siglo XX fungió como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Colombia. En su libro “Memorias de un cortesano de la Era de Trujillo” relata bajo el subtítulo Muerte de Gaitán lo siguiente: “Los viajes me han proporcionado impresiones de otra naturaleza, que, aunque distintas a las que nos producen las obras de arte, dejan en nuestros sentimientos huellas cuya profundidad las preserva del efecto devastador de los años. Una de esas impresiones, producto de acontecimientos de los cuales el azar nos hace inesperadamente testigos, es la que me provocó el asesinato del líder colombiano Jorge Eliézer Gaitán, el mayor conductor de masas que he conocido. En la tarde del día 9 de abril de 1948, salí del Capitolio, en compañía del poeta Héctor Incháustegui Cabral, por la Carrera 7ma… en las inmediaciones de la Plaza de Santander. Tropezamos de improviso con una pequeña aglomeración de personas que acababan de recoger a un hombre cuya sangre humedecía aún el pavimento. Jorge Eliézer Gaitán acababa de caer víctima del arma asesina de Juan Viera Roa”.
Volviendo al artículo de prensa se expresa que el gobierno del discípulo del expresidente Álvaro Uribe, Iván Duque, desplegó 67,000 uniformados para controlar las protestas de los profesores quienes piden el cese de las hostilidades contra la clase magisterial. La Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode) denuncia: “En los últimos 30 años han asesinado a más de 1,100 maestros, en 2018 a once maestros, en 2019 a catorce maestros, y este año asesinaron hace dos semanas, a una maestra en el departamento de Arauca…Hoy queremos un país en paz, en alegría, en cordialidad, en fraternidad, por eso defendemos la vida, la paz y la democracia… Los docentes llevaron también carteles que decían “no educo para la guerra, educo para la libertad” o “por una educación para la transformación social”.
Se recuerda que el 26 de septiembre de 2016 en la ciudad de Cartagena se rubricó la firma de los acuerdos de paz entre la guerrilla colombiana y el gobierno colombiano presidido por Juan Manuel Santos. La matanza de líderes sociales, educadores y guerrilleros continúa. Los dominicanos deberíamos mirarnos en ese espejo.

Por: Sergio Sarita Valdez