Opinión

Una institución que huele a pueblo

Mario Rivadulla.


Jueves, 10 de Octubre de 2019

Mario Rivadulla.

Fundado el 20 de septiembre de 1976, el Instituto Dermatológico Dominicano y Cirugía de la Piel “Dr. Huberto Bogaert Díaz”, que hoy lleva su nombre en homenaje permanente a su memoria al que se entregó  en cuerpo y alma hasta el último día de su existencia, es el inapreciable legado que  dejó al país este benefactor y Gran Maestro de la Medicina Dominicana.

Creado con la finalidad de prestar servicios gratuitos sobre todo a los sectores más pobres de la población, contando con la colaboración de otros profesionales médicos y servidores del área de la salud, aportes del gobierno   y organismos internacionales y contribuciones del sector privado a través de la fundación establecida a ese fin, al Instituto a lo largo de todos estos los años que median desde su origen hasta la fecha, ha prestado las más dedicadas atenciones  a millones de dominicanos aquejados de enfermedades de la piel.

Pero, sin dudas, su principal y mas significativa contribución ha sido haber podido controlar en el país la enfermedad de la lepra. Que las personas aquejadas por la misma hayan podido obtener cura y llevar una existencia normal para el que antes era un doloroso padecimiento crónico y progresivo que condenaba a quienes lo sufrían a un penoso e irremediable calvario, alejados de su familia y de la sociedad hasta el momento de su muerte que en su caso casi se convertía de hecho en un acto de liberación.

Convertida en una institución de servicio ejemplar,  merecido objeto de reconocimiento internacional y servido de modelo para instituciones similares en otros países, quienes a la muerte de su fundador asumieron las riendas del Instituto han rendido permanente homenaje a su memoria dándole continuidad a su obra.  Tal su actual director el doctor Víctor Pou Soares, nombrado a raíz del fallecimiento de su predecesor, el doctor Rafael Isa Isa, quien estuvo a su frente por muchos años de total entrega.

A más de los servicios de prevención y orientación a la ciudadanía a través de sus promotores que recorren el país hasta los más apartados rincones,   de las decenas de miles de consultas que brinda cada año, las pruebas de laboratorio, las cirugías y los medicamentos de calidad elaborados en su propio laboratorio y adquiridos por los pacientes a costo mínimo, el Instituto tiene a su cargo la preparación en post-grado de médicos residentes en dermatología y venerología así como de cirujanos dermatólogos.  De los primeros acaba de entregar su cuadragésima novena promoción, y de los segundos la vigésimo segunda.  A la fecha ya se eleva a 334 la cantidad de galenos en ambas especialidades formadas en su ámbito académico.

Fue precisamente en el marco de la entrega de ambas promociones que el doctor Pou Soares, al pronunciar las palabras de rigor, llamó la atención sobre el incremento de las enfermedades de la piel registrado durante el primer cuatrimestre del presente año, al tiempo de exaltar el interés y esfuerzo de superación desplegado por los nuevos promocionados, a los que llamó a amar a su profesión y “a servir con amor”.

Esta última expresión es la que quizás refleja con mayor exactitud la vocación de servicio desinteresado a la sociedad que ha distinguido al Instituto y su personal durante toda su trayectoria donde se ha proyectado como una ejemplar institución de servicio. Tal como certeramente la calificó el presidente del Colegio Médico Dominicano, Waldo Roa, “el Instituto huele a pueblo”.  Porque  dedicada a velar por la salud de nuestro pueblo es que fue  fundada, existe y está entregada de lleno.