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11 de abril del 2021

Opinión

Orgullo militar

José Báez Guerrero. Fui cadete hace casi medio siglo. Por la enfermedad de mi papá, acepté una beca en una academia estadounidense que sólo me recibiría como candidato del Ejército dominicano. Afortunadamente, para mí y para la guardia, pedí mi baja tras un internamiento en el hospital al ver que carecía de vocación militar. Volví […]




José Báez Guerrero.
Fui cadete hace casi medio siglo. Por la enfermedad de mi papá, acepté una beca en una academia estadounidense que sólo me recibiría como candidato del Ejército dominicano. Afortunadamente, para mí y para la guardia, pedí mi baja tras un internamiento en el hospital al ver que carecía de vocación militar. Volví a la UNPHU; logré después otra beca en Minnesota. En la academia traté a compañeros que todavía hoy mantenemos amistad. El único conocido desde antes me ayudaba con asignaturas incomprensibles por mi pobre español. Fue jefe de grupo, liderazgo que se gana obteniendo las mejores calificaciones, cada uno de los cuatro años de estudios, una proeza. Igualmente, en todos los cursos en el extranjero brilló por sobresaliente, así como al comandar cada unidad correspondiente a cada rango. Caballeroso, decente y correcto como ninguno, de estirpe y abolengo castrense, sus hermanos de armas lo consideramos un ejemplo de guardia de guardias. Carlos Luciano, hoy teniente general Díaz Morfa, es un orgullo nacional que prestigia al gobierno como ministro de Defensa.

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