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18 de abril del 2021

Opinión

Ostensible microtráfico

Por qué se han hecho más ostensibles en todos los municipios, provincias, barrios y ciudades del país los denominados puntos de drogas? ¿Por qué la República Dominicana y el mundo fracasan en el combate del flagelo que representa el tráfico y consumo de drogas?. RD ha sido una de las escalas que la cocaína cosechada […]




Por qué se han hecho más ostensibles en todos los municipios, provincias, barrios y ciudades del país los denominados puntos de drogas? ¿Por qué la República Dominicana y el mundo fracasan en el combate del flagelo que representa el tráfico y consumo de drogas?. RD ha sido una de las escalas que la cocaína cosechada en las regiones andinas de América Latina, toma para llegar a su gran mercado: Estados Unidos, retribuyendo todas las tareas de recepción, ocultamiento, reembarque y complicidades de autoridades, con dinero que se transformaba en carros y viviendas de lujo, sin mayores dificultades. Dos factores hacen variar el método de compensación: 1-Expansión de una economía que amplía el mercado de todos los bienes transables; 2-Edurecimiento nacional e internacional de las normas que impiden portar, sin justificación, altas sumas de efectivo. Ambas cosas tornan más atractivo el pago en especie, que además tiene un efecto mutiplicador. La disposición de mayor oferta ha tenido efectos devastadores, porque si bien es cierto que por el crecimiento de la economía hay mayor demanda, ese crecimiento no ha sido equitativo y parte del público al que las ansiedades y vacíos existenciales hace refugiar en el consumo de drogas, no genera los recursos para sustentar la adición en la que se envuelve, y solo puede hacerlo arrebatando con métodos violentos los recursos de otros ciudadanos. La obra de mano disponible para hacer operar las ramificaciones del negocio de las drogas en todos los rincones del país, la aporta una fuerza juvenil que ni trabaja ni estudia, constantemente engrosada por niños nacidos en hogares disfuncionales, hijos de adolescentes que los han concebido sin ninguna preparación para la paternidad, pero que a su vez tienen unas expectativas de vida que no cubren con los ingresos del empleo marginal que su escasa preparación les dispensaría. La operación de un negocio de alta rentabilidad en sectores donde la mayoría de los vecinos viven en precariedad, impide que la gente cree repulsión por el gran daño que las drogas infligen a la sociedad, sino, por el contrario, desarrolle empatía con los narcotraficantes que se convierten en el paño de lágrimas ante cualquier dificultad. El Estado tiene varias herramientas para enfrentar el problema, entre ellas la represiva, que ha probado en RD y en todas partes del mundo, que puede dar resultados en la captura y sometimiento a la justicia de narcotraficantes específicos, pero que resulta de poco para contener la actividad, porque ninguna otra criminalidad muestra más rápida capacidad de reestructuración. Otro de los límites es la doble moral de un sistema que dice repudiar al narcotráfico, pero que usa sus recursos, 900 mil millones de dólares anuales,como sangría de la economía mundial. Los talibanes en Afganistán destruyeron las plantaciones de opio para la producción de heroína, desatando una crisis económica mundial que sacudió a todo el sistema, y, en poco tiempo, lo destronaron para que todo siguiera igual. Como la impotencia no es opción en lo que el mundo encuentra formas efectivas de combatir el narcotráfico, todo el que pueda aportar su grano de arena debe hacerlo para propiciar a los jóvenes caminos de realización y de grandezas, que los motiven a mantenerse al margen de la tétrica realidad que los rodea.

Por:

Julio Martínez Pozo .

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